martes, 10 de febrero de 2026

El toreo sevillano

¿Por qué en Sevilla se ha fraguado el toreo? La cantidad de toreros sevillanos es tanta. Hay tantísimos toreros sevillanos que me voy a fijar en los más trascendentales, es decir, en aquellos que con su toreo hicieron que el toreo evolucionara. 

El toreo, tal y como lo entendemos, es una obra de sevillanos y de cordobeses. El resto de los toreros, por importantes que hayan sido, en realidad están en un tono secundario.

También lo dijo el poeta santanderino Gerardo Diego, cuando dijo aquello de ángel sevillano o prez cordobesa y lo demás no pasa de manchego. Lo que quería significar es que los grandes arquitectos del toreo, han sido sevillanos o cordobeses.

¿Y por qué? Pues porque aquí estaba el toro que embestía bien. Cuando empieza a formarse, en el siglo XVIII, la corrida a pie profesional, tal y como ahora la entendemos, pues había un mosaico de toros por toda la geografía española, pero en general eran resabiados y embestían mal. Sin embargo, aquí había una casta, que era la casta de vista hermosa, que embestía mucho mejor que las demás.

Bueno, Utrera, que está a treinta kilómetros de Sevilla, es el solar de tres castas fundacionales, la casta Cabrera, la casta Vistahermosa y la casta Vazqueña. La que nos interesa es la casta Vistahermosa, unos toritos negros que antes habían sido de los hermanos Rivas y que ya tienen su presencia en la maestranza desde los años sesenta del siglo XVIII. Estos toros eran unos toros más nobles, son los toros que se han acabado imponiendo en todo el planeta de los toros y estos toros ayudaban a torear. 

Es decir, los toreros buenos surgen donde hay ganaderías que embisten bien y el toreo evoluciona donde está el toro que embiste bien. Eso se puede ver, por ejemplo, en el caso mexicano. Cuando se importan en 1908 aquellas vacas de saltillo y aquellos sementales, la ganadería mexicana empieza a embestir muy bien y surgen un montón de toreros mexicanos buenos que harán de México la segunda patria del toreo. 

Se puede ver en Salamanca. Mientras en Salamanca estuvo el toro castellano, no salían toreros. Cuando a partir de los años veinte se empiezan a importar ganaderías enteras desde Sevilla, pues se empieza a crear un caldo de cultivo que ha dado muchísimos toreros.

Lo estamos viendo en este momento en Extremadura. Extremadura, durante mucho tiempo, no era una tierra especialmente ganadera, de ganaderías bravas. Estaba el condado de la Corte, en Fuente de Cantos y poco más.

Pero, de repente, muchísimos ganaderos empezaron a poner los ojos en las de esas extremeñas y empezaron allí a llevar sus ganaderías o a crear ganaderías nuevas. Ahora las ferias están llenas de toreros extremeños. Donde está el toro que embiste bien, está el toreo.

Y en el siglo XVIII, el toro que embestía mejor, estaba aquí. Ese toro va a propiciar grandes tumultos en la ciudad de Sevilla. Luis Toro Buiza, en un libro que les recomiendo, Sevilla en la Historia del Toreo, un libro escrito en los años cuarenta, nos habla de los grandes tumultos que se producían en San Bernardo por ver la llegada de los toros y ver cómo los capeaban, hasta tal punto que el corregidor tomaba un montón de medidas infructuosas para evitar las aglomeraciones.

Es decir, el matadero sevillano se convierte en un foco de aprendizaje taurino desde el primer momento. Y del matadero sevillano surge la primera figura del toreo que conoce la historia de los toros, Joaquín Rodríguez Costillares. Digo que es la primera figura porque había habido bastantes antes de él, pero el primero que se hace rico matando toros es Costillares.

El primero que exige a la maestranza que le abonen una serie de dineros para salir con adornos en el vestido es Costillares. El primero que consigue de modo efectivo que su cuadrilla esté subordinada a sus decisiones y a su voluntad es Costillares. Sevillano, del matadero de San Bernardo.

Y Costillares tiene en frente un rondeño, a Pedro Romero, un tipo muy efectivo que mata muy bien. Y alumno de Costillares sale otro toreo sevillano muy importante, José Delgado Pepeillo. Estamos hablando del reinado de Carlos III, de la década de los 70 del siglo XVIII.

Esta es la primera terna de figuras del toreo conocida, con dos sevillanos y un rondeño. Y además representan tres arquetipos de torero que se van a ir repitiendo machaconamente a lo largo de todas las generaciones que van a surgir hasta ahora mismo. Costillares es el artista, el que torea bien.

Pedro Romero es el poderoso, el que domina los toros. Y Pepeillo ni torea bien ni es poderoso, pero tiene el favor de los públicos porque se arrima mucho. Y los toreros valientes siempre han entusiasmado a las multitudes.

Aparte tiene una personalidad muy generosa, es padrino de todos los bautizos que le proponen, por lo tanto es un hombre también muy popular. Luego Costillares tiene dos aportaciones. Inventa la verónica. 

Por favor, no piensen en una verónica de Morante de la Puebla, es una cosa bastante más arcaica, pero es el primero que lanza al toro de esa manera. Y luego también inventa la suerte del volapié para matar a los toros quedados, que será fundamental. Porque hasta entonces la forma ortodoxa de matar era matar recibiendo, pero claro, muchos toros estaban muy aplomados y no se prestaban.

Por lo tanto el volapié es un gran hallazgo de Costillares. Como se ve, Sevilla desde el primer momento, digamos que es la escuela del toreo. Pero también Madrid se erige desde ese primer momento como el palenque donde se dirimen las luchas de los toreros y se jerarquiza el toreo.

He dicho que Sevilla es Jerusalén, pero Madrid es Roma. Es así, desde ese momento ya. Luego hay que hablar de un lance sucedido en Madrid, que es la muerte de Pepe Illo en 1801.

Es la primera figura del toreo que muere y eso dio lugar a una catarata de versos, de poemas de ciego, de lamentos por la muerte del torero admirado. Fue un auténtico duelo nacional en una España donde todavía no había medios de comunicación, pero todo el mundo supo de su muerte y se lamentó de ella. Y por cierto, la muerte de Pepe Illo propicia que el Consejo de Castilla, que Godoy, prohíba las corridas de toros.

Esto a lo mejor les va a resultar muy sorprendente lo que les voy a decir, pero es una auténtica verdad jurídica. Godoy prohibió las corridas en 1805 y han estado prohibidas formalmente hasta 1991. Es decir, de 1805 a 1991 los toros han estado formalmente prohibidos.

Eran una cosa tolerada, pero la prohibición no estaba derogada porque para derogar una ley tiene que salir una ley posterior que la revoque. Y la primera ley taurina fue la de 1991. Por lo tanto, digamos que todo el esplendor del toreo se ha producido con los toros formalmente prohibidos.

Desde el punto de vista jurídico, que es una cosa de la que se ha hablado poquísimo. Los toros se han regulado por reglamentos que son normas de carácter inferior, pero formalmente estaban prohibidos. Y luego llega la Guerra de Independencia que supuso un enorme caos para la fiesta de los toros.

Y quien iba a sacarla de ese caos es un torero de Utrera, Curro Guillén. La copla decía, bien puede decir que ha visto lo que en el mundo hay que ver quien ha visto matar toros al señor Curro Guillén. Pero a Curro Guillén le mata un cabrera, es decir, un antepasado de los Miura en Ronda en 1820.

Y por tanto, esa renovación de después de la Guerra de Independencia hubo que dejársela a Paquiro, la década después, en la década de los 30. Paquiro, alumno de la Real Escuela de Tauromaquia de Sevilla. Porque en Sevilla hubo una Real Escuela de Tauromaquia que estaba en el matadero de San Bernardo y que tuvo su vigencia en tres años, 1830 a 1833.

El conde de la Estrella argumenta como objetivo de la escuela dotar a los toreros de los suficientes conocimientos profesionales para que no ocurran accidentes lamentables y los toros no les maten. Esa es la idea de la escuela. Pedro Romero se entera en Ronda que se va a abrir la escuela y se dirige al rey en una carta.

Bueno, Pedro Romero sabía escribir, pero esa vez contrató un escribano para que la letra fuera muy buena, diciendo que él quería el puesto y se le dieron. De segundo pusieron a Jerónimo José Cándido. Por allí pasa Paquiro, por allí pasa Desperdicios, un torero sevillano de Jelves, como Joselito, que tiene una vida de aventuras.

Que si fuéramos norteamericanos habría 20 películas sobre Desperdicios. Y, sobre todo, por allí pasa un tal Cúchares. Cúchares también es de familia de toreros.

Era hijo de un banderillero llamado Costuras que había ido con Costillares y era sobrino de Curro Guillén. Y Cúchares es el niño bonito de la escuela. A un torero tan severo y tan esquemático y tan sobrio como Pedro Romero.

Pedro Romero simplemente decía que había que cuadrar al toro para matar a recibir y que el resto eran adornos sin ninguna clase de mérito. Pues resulta que Cúchares tiene embobado a Pedro Romero siendo Cúchares todo lo contrario. Cúchares es un tipo absolutamente interesante.

Por cierto, fue hermano mayor del Cristo de la Salud en San Bernardo y allí está enterrado ahora mismo. ¿Y por qué Cúchares es un torero muy interesante? Porque con él se produce por primera vez el divorcio absoluto entre la crítica taurina y los espectadores de toros. La crítica taurina madrileña dice que Cúchares hace títeres, que es un mamarracho, que no torea.

Que el bueno es el chiclanero que simplemente se limita a cuadrar al toro para darle un estoconazo recibiendo. Que las monerías que hace Cúchares con la muleta no tienen mérito ninguno. Sin embargo, el público pide a Cúchares que siga toreando y que no mate al toro.

El público llama al toreo arte de Cúchares, que es una adjetivación que todavía utilizamos. Y el público, evidentemente, pone los ojos en un torero que no era un gran sometedor de toros, pero que era vistoso y que entretenía al público con la filigrana de sus suertes. Es muy importante este torero.

¿Por qué? Porque este concepto lúdico del toreo, alejado de la severidad rondeña, es el que se va a terminar imponiendo. Y ese divorcio que se produce entre la crítica y el espectador es un divorcio que ha llegado hasta nuestros días con otros toreros. Y al final, ¿quién tenía la razón? El público. 

El público. Por tanto, Cúchares es muy importante. Y al poco tiempo de Cúchares están dos sevillanos también.

El Tato, que era yerno de Cúchares y que acaba su carrera dramáticamente, porque en 1869 un toro le da una coronada en Madrid y le tienen que ampudar la pierna, pero era muy valiente. Y el Gordito. Al Gordito también hay que destacarle, porque igual que Cúchares es el primero que empieza a hacer pequeñas faenas de muleta, el Gordito bandillea tal y como ahora entendemos la suerte de banderillas.

Y del Gordito aprende lagartijo, ese conocimiento de lagartijo pasa guerrita, a todos los banderilleros que se conocen hasta ahora. El Gordito es el primero en banderillear tal y como ahora entendemos la suerte, cuadrando en la cara del toro y no atacando a traición. Por lo tanto, fue un torero muy importante.

Y luego llegan Lagartijo y Frascuelo, que ninguno es sevillano. Uno es cordobés y el otro es granadino, pero siempre se le consideró madrileño. Y después de Lagartijo y Frascuelo, que digamos que forman la pareja de más vigencia temporal en la fiesta de los toros, ya que se encontraron por primera vez en 1868 y la última vez que torearon juntos fue en 1890, después llegó Guerrita, cordobés también.

Es la primera vez en la historia que los sevillanos están opacados por otros. ¿Qué sevillanos están? Pues un nombre que les va a sonar, Fernando Gómez el Gallo, padre de toreros muy lustres después. Fernando Gómez el Gallo es un torero muy fino, sobre todo con el capote, pero que tiene muchas dificultades para matar y que tampoco tiene valor.

Está el Espartero, al que mata un toro de Miura en Madrid. Cuidado con el Espartero porque en ese momento nadie se está dando cuenta, pero el Espartero es la génesis de Belmonte. Y está Reverte, que merece un pequeño comentario, de Alcalá del Río, provincia de Sevilla.

Y digo que Reverte merece un pequeño comentario porque con Reverte se demuestra que no hay nada nuevo bajo el sol y que ese torero popular de Revista del Corazón que tanto hemos criticado y que yo también critico en estos últimos años, pues ya existía. Es decir, Reverte era muy guapo y atraía muchísimo público al tendido, sobre todo señoras, la copla de la novia de Reverte. Pero además era muy valiente.

Pero desde luego tienen muy poco que hacer con Guerrita, que es un torero muy poderoso. Entre Guerrita y Joselito está Bombita, un torero sevillano que tiene que luchar en un tiempo muy duro. Y hay que abrir un paréntesis especial, bueno, también está Antonio Fuentes, otro torero sevillano elegante, pero hay que abrir un paréntesis especial con un tipo llamado Rafael Gómez el Gallo.

Como ven, los sevillanos van configurando el toreo en todos los matices y en todas las facetas que ahora conocemos. Cúchares es el primero que busca una utilidad en la muleta distinta para el toro, busca lucimiento con la muleta. El Gordito revoluciona las banderillas.

Pues el Gallo también es muy revolucionario. No desde el punto de vista de la técnica del toreo. El Gallo es hijo de Lagartijo, como tantos de esa época.

Lagartijo fue un torero muy importante, quizá el torero más completo del siglo XIX y verdaderamente está en esa onda. Es decir, el Gallo no aporta una técnica moderna, pero el Gallo aporta otra cosa, que luego han explotado muchos otros toreros y sobre todo algún sevillano. El Gallo es el primer torero que hace rentables las tardes malas, las broncas y los escándalos.

Tiene una idea anticombativa del toreo. Hasta ahora el pundonor torero ha sido muy importante. Hay que quedar bien.

Al primero que le da totalmente igual quedar bien es al Gallo. Y es el primero que los fracasos le son tan rentables como los triunfos. La gente se lo pasa estupendamente viendo fracasar al Gallo.

Hay un ambiente de hilaridad que al público le gusta. Por lo tanto, el Gallo aporta toda una beta anticombativa del toreo que ha tenido sus descendientes hasta hace muy poco tiempo. Por lo tanto, es un tío en ese sentido muy interesante, con una personalidad enorme que generó un montón de anécdotas encantadoras que todavía se cuentan en las tertulias.

Pero, sobre todo, el Gallo digamos que es el pórtico de la Gran Revolución. La de Joselito y Belmonte. Sevillanos los dos.

Hay que hablar de Belmonte. Pero hay que hablar de Belmonte despojándole de todos los tópicos y de todas las falsedades que se han venido repitiendo durante años. El toreo actual es la suma de muchas aportaciones.

Y, desde luego, la aportación de Joselito y de Chicuelo, que es el gran olvidado de la historia del toreo y que también es sevillano, las aportaciones de Joselito y de Chicuelo son tan importantes como Belmonte. Eso que se ha dicho que Belmonte es el único padre del toreo actual es falso, porque las imágenes demuestran otra cosa. Pero sí que es verdad que Belmonte tuvo grandes aportaciones.

También Belmonte está rodeado de una atmósfera literaria de la que todos ustedes habrán participado leyendo, por ejemplo, el libro de Chávez Nogales. La técnica de Belmonte, Belmonte no la aprende en las noches de luna llena entablada, eso es literatura. La técnica de Belmonte se la transmite José María Calderón, sevillano también.

¿Y quién era José María Calderón? Un banderillero de Antonio Montes. Antonio Montes era un torero sevillano de segunda fila. Por cierto, estaba sordo y fue sacristán en Triana, en Santa Ana.

Antonio Montes era un torero de segunda fila que nunca triunfó en Madrid. Pero debía ser un torero muy extraño. Y es probablemente, con el Espartero también, quien empieza a cruzarse al pitón contrario.

¿Qué es lo que explotará Belmonte en las plazas? Es lo que hará sobrevivir a Belmonte en las plazas. Y, desde luego, es toda la base del toreo defensivo que se aplica hoy día. Muy probablemente, el Espartero y Antonio Montes lo intentaron.

No importa, Belmonte es quien lo cuaja en las plazas y quien lo explota. ¿Qué es irse al pitón contrario? Pues bueno, todos sabemos que el toro es un herbívoro y, como todos los herbívoros, tiene los ojos puestos a los lados. Entonces, tiene un punto muerto en la frente.

Punto muerto que ustedes mismos pueden tener ahora mismo en cuanto hagan así. En cuanto se pongan la mano en la frente van a ver como un toro y van a tener un punto muerto. Belmonte descubre que, poniéndose en ese punto muerto entre los dos pitones, el toro no te ve.

Saca la muleta por el ojo de fuera y desplaza al toro. Por lo tanto, Belmonte no era un suicida, como decían todos sus panejilistas y todos los escritores de la generación del XIV que no sabían nada de toros. Belmonte de suicida nada.

Belmonte era un hombre muy lúcido, que pensaba mucho y que aportó la técnica defensiva, que es la que se utiliza hoy día para protegerse de los toros malos. ¿Cuándo se cruza el torero? Pues a la hora de desplazar al toro ante una embestida difícil o incierta. Y luego otra cosa muy importante de Belmonte es que Belmonte es el gran esteta.

Si leemos las tauromaquias antiguas, sobre todo la de Paquiro, digamos que el canon ideal era estar completamente de frente al toro o completamente de perfil, pero con los pies juntos. Bueno, este era el canon ideal. Luego llegaba el toro y salían corriendo en desbandada, porque no tenían la técnica precisa para otra cosa, para estarse quietos.

Pero el canon ideal era ese, estar con los pies, con el compás cerrado. Belmonte, adelantando la pierna y sacando el pecho para afuera, con ese escorzo de tres cuartos, cambia para siempre la estética del toreo. Y esa estética, que es absolutamente novedosa y aportada por él, va a pasar como la más clásica y la más bonita.

Esas son las aportaciones de Belmonte. Que luego, la verdad es que lo van a mejorar mucho los toreros de los años 20. Seguramente tienen ustedes en la cabeza, por ejemplo, la Verónica de Curropulla, el primer gitanido de Triana al toro como tú de San Mateo, totalmente hacia adelante y con el capote por el suelo.

Rápidamente se perfeccionó esa estética, pero esa estética la aportaba Belmonte. ¿Y qué aporta Joselito? Pues Joselito creo, sinceramente, que es el torero más completo que ha visto la historia de las Corredas de Toros. De familia de toreros, sevillano de Gelbes.

Y Joselito es una persona que estuvo dominada, dominado por una afición verdaderamente irrefrenable. O sea, era un obseso, no había más horizonte para él que los toros. Tenía una enorme inquietud.

La aportación de Joselito es tremenda. Y murió jovencísimo, con 25 años. La pregunta es, ¿a dónde hubiera llegado el toreo si Joselito sobrevive? Es impresionante la aportación.

Joselito cambió el toro para siempre. De ese toro con aires de buey alto y con los pitones hacia afuera, Joselito los busca bajos y reunidos. Convence a los ganaderos para que tienten de distinta manera.

En lugar de buscar solo la pelea en el caballo, que había sido, digamos, el canon que buscaban los ganaderos durante todo el siglo XIX, les convence para que empiecen a ver el juego de las becerras en la muleta. Joselito es el impulsor del negocio de los toros tal y como ahora se entiende, con el apoyo a las plazas monumentales. Por cierto, hubo una aquí en Sevilla, de primera vida, la monumental de San Bernardo.

Y Joselito es el primero que empieza a experimentar con el toreo en redondo. Es decir, girar los pies y dar sucesivamente los muletazos por el mismo pitón. Además es que se puede ver, porque hay unas imágenes del 3 de julio de 1914 en Madrid, el día que mató siete toros teniendo 19 años, siete toros de Martínez, que se ve claramente cómo gira sobre los pies dejando la muleta adelante para que el toro repita.

O sea, es el primero que experimenta con el toreo en redondo, que es el toreo que se ha impuesto. Y Joselito verdaderamente…

Y Joselito verdaderamente no hace de ese toro en redondo la obsesión y el centro de la faena, como hará otro torero del que voy a hablar ahora, pero ya lo está haciendo. La faena de Joselito tiene muchas cosas. Se cambia mucho la muleta de mano, hace muchos adornos, mucha tocadura de pitón, pero siempre da una serie ligada en redondo.

Joselito muere muy joven, en el año 1920, y Belmonte se retira al poco tiempo. Por primera vez, luego volvería. Y aquí es donde aparece un torero absolutamente decisivo, Manuel Jiménez Chicuelo.

Uno de los más importantes de la historia del toreo y que verdaderamente ha sido absolutamente maltratado por la historia y por los historiadores. Un torero absolutamente ninguneado y que tiene una importancia capital en la historia de las corridas de toros. La pregunta, ¿por qué Chicuelo ha sido tan despreciado por los historiadores? ¿Por qué no se le ha dado la categoría que merece? Pues muy probablemente porque era desigual y su ánimo era quebradizo y de valor no andaba sobrao.

Y para imponerte en el toreo de tu tiempo hay que tener valor y capacidad de sacrificio y estar bien todos los días. Por incómodo y desagradable que resulte. Y aunque el toro no se preste.

Y en todas partes, ¿eh? No sé, tener que estar bien en Aranda de Duero, ¿no? Un día de septiembre con el cuerpo minado por cien miedos ya esa temporada y por cien viajes. Pues no tenía ese tesón ni esa voluntad. ¿Y por eso? ¿Por qué era desigual? Pues tiene en las historias oficiales del toreo, vamos a decir, un tratamiento secundario.

Pero Chicuelo es un torero fundamental. Quizá lo de menos es la Chicuelina. Lance al que todos han recurrido después para hacer los quites.

Pero Chicuelo lo primero que tiene, antes de hablar de su técnica, que es muy importante lo más. Pero también tiene otra cosa muy importante Chicuelo. Y es que cuando en las tertulias de aficionados se habla del estilo sevillano, en realidad todo el mundo está pensando en el toro de Chicuelo.

Ese toro a pies juntos, ese toro adornado, ese toro garboso, ese toro de cambio de manos. Es el toro de Chicuelo. Chicuelo crea ese estilo.

Explotado después por muchos toreros sevillanos. O sea, cuando se habla del estilo sevillano todo el mundo está pensando en Chicuelo. Eso ya es una cosa muy importante.

Belmonte había dicho, a partir de mí el toreo es una cuestión de estilo. Y el estilo de Chicuelo estaba absolutamente definido. O sea, da igual ver las fotos de Chicuelo de espaldas, se sabe que es él.

Tiene un toreo verdaderamente suyo, que luego copiarán otros. Pero sobre todo, la gran aportación de Chicuelo es que realiza la faena tal y como ahora la entendemos. Ya había hecho varias en México, porque el toro mexicano más suavón se prestaba más, pero la faena fundacional del toreo tal y como ahora lo entendemos es la que hizo al toro Porchaíto en la Plaza de Madrid el día 24 de mayo de 1928.

Aquella faena se sacó al toro con pases de telón y cuando se lo sacó a los medios lo que empezó es a dar series de naturales totalmente quietos, girando sobre los talones, ligando los naturales y despachando al toro con un pase de pecho. Y volvía y hacía lo mismo, un montón de naturales, girando sobre los talones totalmente quietos y despachando al toro con el pase de pecho. Esto ahora a ustedes les parece de lo más normal, porque es la faena que ven todas las tardes en Los Seis Toros, pero la primera vez que hizo la faena así, rimándola tal y como ahora lo entendemos, es Chicuelo.

O sea, Chicuelo es un antes y un después de la faena de muleta y además quieto, porque Joselito sí que es verdad que había toreado en redondo pero con mucho movimiento, mientras que Chicuelo consigue quedarse quieto. ¿Por qué? Porque es descubridor del hilo del pitón. Hasta Belmonte estaban todos en el ojo de dentro, entonces el toro les veía y se tenían que quitar. 

Lo de lagartijos, si no se quita usted, le quita el toro. Belmonte descubre el pitón contrario, pero el problema del pitón contrario es que desplazas tanto al toro que luego no hay forma de ligar el siguiente muletazo y entonces era lo que hacía Belmonte, el derechazo y un pase de pecho, pero no podía girar. Chicuelo ve que hay un punto intermedio, que es el hilo del pitón.

El toro te permite estar ahí porque te ve borroso pero no te ve del todo y simplemente echándole la muleta le pasas por tu frente pero no le desplazas tanto como estando cruzado. Entonces puedes girar y dar 1, 2, 3, 4, 5, el toro actual. Sevillano, muy maltratado. 

Está a la altura, Chicuelo, de Joselito y de Belmonte y de todos los demás. Y por tanto aquella faena supuso una enorme conmoción. Con los amigos que he comido, precisamente he comentado la faena porque a los críticos taurinos les pasó totalmente por encima, o sea, ni se dieron cuenta, pero quien se dio cuenta fue el público que estaba puesto de pie antes de que Chicuelo entrara a matar agitando los pañuelos y quien se dieron cuenta fueron los toreros.

Y ahora hay que meter en la historia a un torero que no es sevillano, que es cordobés, que es Manolete. Manolete impone definitivamente el toreo de Chicuelo. ¿Por qué Manolete lo impone? Pues porque tenía un valor sobrehumano que Chicuelo no tuvo y también, todo hay que decirlo, le ayuda el toro de los años 40 que ya tenía una selección mucho más depurada.

Si se dan cuenta, en realidad el toreo de Chicuelo y de Manolete es el mismo. Lo que cambia es su configuración estética porque Chicuelo era bajito y regordete y de brazos cortos mientras que Manolete es el ciprés de sí, los alto, con los brazos largos, pero en realidad el toreo es el mismo que es el giro quieto sobre los talones dando muletazos sucesivos por el mismo pitón. Manolete es quien impone definitivamente el toro de Chicuelo, pero Manolete tiene enfrente a un torero fuera de lo común que es Pepe Luis Vázquez.

Si Pepe Luis Vázquez hubiera tenido un poco más de presencia de ánimo, se hablaría de los años 40 en términos tan gloriosos como de los años 10, los años de Joselito y Belmonte. Pepe Luis ha sido de los toreros más completos que ha habido, una cabeza muy clarividente, un gran conocedor del toro y luego además un gran intérprete del toreo por los dos palos. Cuando giraba a pies juntos toreaba a lo Chicuelo, pero cuando echaba la pata para adelante y el pecho hacia afuera toreaba a lo clásico Belmonte también como nadie.

Porque también ahí se produce una cosa muy curiosa y es que mucha gente empieza, sobre todo Pepe Luis, empieza a girar como Chicuelo y como Manolete pero echando la pata adelante como Belmonte y es la configuración del toreo más clásico que se entiende ahora. Pepe Luis fue absolutamente excepcional. La prueba es la admiración que le tenía Manolete que por lo visto a veces decía, cuando a Pepe Luis le salió un buen toro, le decía al tercer compañero del cartel que vamos a disfrutar viendo torear a un torero que sabe torear.

El problema de Pepe Luis es que no tenía la presencia moral para aguantar el ritmo que imponía Manolete en un torero que estaba bien todas las tardes, pero Pepe Luis fue un grandioso torero. Y en ese momento, al poco tiempo, surge otra auténtica celebridad que es Pepín Martín Vázquez. Hay una película, Currito de la Cruz, rodada en el año 47, el año de la muerte de Manolete, pues en la película Currito de la Cruz del año 47, en la que Pepín Martín Vázquez es protagonista, pues le ruedan dos tardes de toros en Madrid.

Una corrida de Felipe Bartolomé y una corrida de Bórquez, una corrida de La Beneficencia, por cierto, la última que toreó a Manolete. Las imágenes para la película son imágenes de verdad de aquellas dos tardes. Les aconsejo que lo vean.

La mayoría de los toreros, digamos, que envejecen muy mal en el celuloide. El paso del tiempo los asesina. Mientras que las imágenes que hay de Pepín Martín Vázquez de los años 40 son de una perfección deslumbrante.

Ha habido toreros que después han toreado de maravilla, pero no mejor. O sea, Pepín había logrado una enorme perfección en los años 40. El problema es que unos pocos días antes de la muerte de Manolete, un concha y sierra en Valdepeñas le dio una coronada gravísima que le quitó del camino.

Pero Pepín es un auténtico adelantado a su tiempo. Pepín torea en los años 40 como en los 60, 20 años después van a torear Camino y Elviti. Se puede hablar de Manolo González, un torero muy importante también en ese momento, de Manolo Vázquez, un torero muy puro, pero sin duda, y de Diego Puerta, el espartero del siglo XXI, un torero valentísimo.

Y además, Diego Puerta es un torero que no ha tenido sucesor, porque era muy valiente, pero a la vez muy pinturero, que es una mezcla que se ha dado poco, porque normalmente los valientes son toscos y los pintureros no tienen valor. Puerta fue un torero excelente, pero sin duda, el gran torero de esos últimos tiempos sevillano es Paco Camino. No Curro Romero, Paco Camino.

Resulta sorprendente que un torero de camas sevillano, que ha atesorado tantísimas cualidades en su persona, no haya sido valorado ni querido en esta plaza. Resulta sorprendente. Un día le dije... Bueno, yo de vez en cuando, cuando me cruzaba con él, hablaba con él.

Y le dije dos cosas en dos días distintos que le gustaron mucho. Un día le dije, maestro, solo le ha faltado poner banderillas para ser perfecto, le encantó, me hizo así. Y otro día le dije, maestro, la faena que usted hizo al toro navideño en Querétaro, en México, en el año 76, para mí es la mejor faena de la historia del torero.

Y se me quedó mirando y dije, ¿estás seguro? Digo, completamente. Y me dijo, pues desde luego es la mejor que yo he hecho. Camino ha sido un torero absolutamente extraordinario.

Por lo tanto, dejo aquí el interrogante ante todos ustedes. No me explico que no tuviera en la maestranza el cartel que sí tenía en todas partes. En México era un ídolo... Por cierto, igual que Chicuelo había sido.

En México era un ídolo, pero un ídolo masivo. En Madrid el cariño que se le tenía a Camino era una cosa especial. Es todavía quien más orejas ha cortado en la feria de San Isidro, en su historia.

En el norte tenía también muchísimos partidarios. Y paradójicamente en Sevilla no. Camino ha sido extraordinario.

La prueba también es que, lo que he dicho antes, mientras que la mayoría de los toreros envejecen muy mal en el celuloide, las faenas de Camino, hechas en el año 67, 68, 71, se ven ahora mismo y son deslumbrantes. Y otra cosa, la frialdad del celuloide. No es lo mismo la emoción de la plaza que estar delante de una pantalla en el salón de tu casa.

Y Camino te levanta. ¡Qué sutileza! ¡Qué alegría! ¡Qué cabeza! ¡Qué pureza en todo lo que interpretaba! ¡Qué largura en el muletazo! Camino ha sido un torero excepcional. ¿Eh? Uno de los mejores toreros resúmenes que ha conocido la fiesta.

Vuelvo a repetir. ¿Y por qué este ambiente? Pues muy fácil, porque aquí había ganaderías muy buenas que vestían muy bien. Y es donde se aprende, en los tentaderos.

Y luego, porque por toda esta decantación histórica había un ambiente profesional excelente. Banderilleros retirados que se lo saben contar al muchacho. Por ejemplo, en Madrid somos jueces.

Porque es la plaza que, digamos, que decide la jerarquía. Pero no somos buenos pedagogos. Enseñamos muy mal el toreo.

Aquí hay un excelente ambiente profesional. Y cuaja en tipos como Paco Camino. Un torero excepcional.

Claro, en esos mismos años hay que hablar de Curro Romero. Un torero muy artista. Un torero que, siendo totalmente belmontino, sin embargo, hereda la faceta tumultuosa de Rafael el Gallo.

Todo un personaje. Evidentemente, está claro que el torero, ante todo, es un seductor de públicos. Y Curro Romero era un excelente seductor.

Y las corridas en las que estaba metido eran distintas. Para sus detractores y para sus defensores. Pero era un día especial.

Por lo tanto, Curro Romero ha sido un torero muy importante. Que ha tenido una gran personalidad. Y no tiene que salir en esta conferencia.

Evidentemente. Hay que citar a Espartaco. Un profesional muy concienzudo.

Que fue capaz de mandar en el Toro de los 80. Quizá también por renuncia de Ugeda. Y también hay que citar a Espartaco porque, digamos que, Espartaco contradice el tópico.

Siempre, cuando se habla de toreros sevillanos, estamos pensando en un torero muy artista. Espartaco no era artista. Pero tenía tras de sí unas cualidades admirables.

Conocimiento del toro. Conocimiento de la lidia. Una técnica perfecta para el toro de los años 80.

Que era un toro que generalmente tenía poca fuerza. Y al que no se le podía obligar. Es decir, un gran profesional.

Como se ve, en Sevilla hay toreros de todos los palos. Siempre tenemos en la mente a los más artistas. Ha habido toreros muy buenos de los demás palos.

¿Por qué? Porque hay un gran ambiente profesional y de ganaderías. Y, por último, y ya con esto quiero cerrar la intervención para no ser muy pesado. Porque, como dijo Belmonte, las faenas tienen que ser cortas y de pases largos.

Y no largas y de pases cortos. Entonces, yo quiero que esto sea corto pero con conceptos profundos. Pues hay que hablar del momento actual que a mí me produce una enorme ilusión.

Es decir, ese pesimismo que ha instalado entre la mayoría de los aficionados es un pesimismo que yo no comparto. Yo estoy encantado. Porque ahora mismo hay en Sevilla tres toreros absolutamente excepcionales que están haciendo historia.

Y que vamos a poder decir dentro de unos años a los nietos y tal que les hemos visto muchas veces. Hay tres toreros extraordinarios. El primero, Morante.

Morante es un torero absolutamente enciclopédico. O sea, ha tenido una enorme inquietud por empaparse en la historia del toreo y ha incorporado a su repertorio todo lo mejor de los más grandes. Banderilla muy poco, pero cuando de vez en cuando coge los palos, yo en la plaza es al mejor que he visto.

En la variedad del toreo de capa, en los inicios de faena, recuerda a Joselito el gallo. Pero en el centro de la faena, cuando busca el pitón contrario y echa el pecho hacia adelante, recuerda a Belmonte. Pero cuando empieza a adornarse y a girar sobre los talones, recuerda a Chicuelo.

O sea, Morante de la Puebla concentra en su persona lo mejor del toreo sevillano de todos los tiempos. Es un auténtico lujo. Y además, a pesar de todo lo que se ha dicho, es un torero que es muy regular, que no hace falta viajar en su cuadrilla para verle bien, como se dijo de algún otro torero.

Es un torero que generalmente está muy bien. Luego tiene un gran conocimiento del toro y de la lidia. Cuando el toro no le gusta o cuando el toro es muy malo, le machetea con una gran torería.

Y luego, con el capote, para mí es el mejor que ha habido. Porque ensambla a la perfección los dos palos de buenos capoteros que hasta ahora ha habido. Hay un palo del capotazo gitano, con Rafael de Paula como máximo intérprete, y hay otro palo de la Verónica sedosa y amplia, que sería Antonio Ordoñez el máximo exponente.

Pues Morante tiene las dos a la vez. El juego de brazos y la cintura quebrada de Paula, pero además con una cadencia y un temple increíbles, y además con un ajuste tremendo, porque se los pasa más cerca que Paula y Ordoñez. O sea, ver cuajar con el capote un toro a Morante es una cosa verdaderamente portentosa.

Y lo hemos podido ver muchas veces. Y luego, con la muleta, lo que me admira es su honradez absoluta. O sea, Morante nunca nos torea, Morante solo va a torear al toro, porque hay muchos toreros que nos torean.

Morante solo va a torear al toro. Es decir, Morante va, el toro le va a durar lo que le va a durar, que a lo mejor es poco, pero lo que le va a hacer es extraordinario, absolutamente quieto, sin perder pasos, todo en una baldosa y ajustadísimo. Es un muletero, se habla mucho del arte de Morante, que desde luego Dios le ha dotado de un enorme talento, pero se habla poco del valor de Morante y Morante tiene un valor descomunal para torear así con el capote y para pasarse a los toros tan cerca con la muleta.

e parece un torero verdaderamente excepcional. Sé, sabemos todos que tiene muchos problemas. Y yo lo que deseo es que esos problemas, que por lo visto son de muy difícil curación, pues no le impidan que siga dando sus lecciones magistrales en los ruedos.

Y tiene dos sucesores, y además digamos que cada uno a uno de los lados del río. Juan Ortega es muy trianero. Por cierto, hemos visto a veces, el año pasado, hace dos años, hace dos años el día del rabo de Morante, Juan Ortega con el capote, rozó lo sublime.

Y el año pasado hizo una faena de muleta, Juan Ortega, verdaderamente prodigiosa. Es un torero, como digo, muy trianero, muy de pata pa'lante, muy de pecho hacia afuera, pero hace todo con una suavidad, con una cadencia, con un sentimiento, con una despaciosidad, que a mí es un torero que me emociona. Representa muy bien lo que ha representado Triana, Belmonte y los perfeccionadores estéticos del belmontismo, Cagancho, Curropuya.

Pero al otro lado del río está Pablo Aguado. Y a Pablo Aguado a veces le veo cosas tan sutiles y tan exquisitas que pasan por delante del público y el público no las ve, y solo se dan cuenta los muy buenos catadores del toreo, los muy buenos aficionados. Tal es su exquisitez, su perfección.

Es un torero quizá más de acariciar que de obligar en la embestida, pero acaricia a la perfección y es un canto a la naturalidad, porque el torero actual tiene dos defectos. Uno, bueno, tres, las faenas son muy largas y nos aburren mucho, creo que estamos de acuerdo en esto. Luego hay desajuste, es verdad que se torea con mucha técnica, pero al toro se le pasa lejos.

Y luego hay mucha postura de tablao, sin naturalidad ninguna, mientras que Pablo Aguado es la naturalidad absoluta. Es un toreo sin ningún, ¿cómo decir?, sin ninguna afectación. Por cierto, recuerda a muchos toreros del pasado y me recuerda Antonio Bienvenida, nacido en Caracas, torero de Madrid, pero sevillano de corazón.

Antonio Bienvenida es un torero muy sevillano y que, por lo tanto, tenía que salir en esta relación de buenos toreros sevillanos. Y hablando de Antonio Bienvenida, Pepe Luis Vázquez, hijo, me ha recordado mucho más a Antonio Bienvenida que a los Vázquez, pero esto es un paréntesis, no nos despistemos. Pablo Aguado de vez en cuando es de una sutileza absolutamente extraordinaria y con una naturalidad increíble.

Y luego torea con el capote en otro palo distinto a Juan Ortega, también con una sutileza y con una elegancia primorosa. Por lo tanto, ahora mismo mi cartel es ese. Hay toreros sevillanos muy interesantes de otros palos, por ejemplo, Borja Jiménez, un torero muy poderoso que puede tener un largo recorrido en la fiesta y que es un torero al que yo admiro.

Pero mi cartel preferido es Morante, Juan Ortega, Pablo Aguado. Juan Ortega representando lo belmontino, por así decir. Pablo Aguado representando lo chicuelista, por así decir.

Y Morante absorbiendo todo y siendo el Dios Padre que lo tiene todo. Me parece una cosa verdaderamente prodigiosa. Y claro, yo estoy encantado porque parece que vamos a tener la oportunidad de verlos muchas tardes en la próxima Feria de Abril.

Por lo tanto, el toreo sevillano está en su mejor momento. Y, desde luego, otra vez, creo, lo digo sinceramente, otra vez Sevilla tiene el cetro del buen toreo, que en alguna ocasión se le ha escapado, porque también surgen de vez en cuando toreros buenos de otros sitios. Ahora mismo el cetro del buen toreo lo tiene Sevilla.

Por lo tanto, yo creo que esos comentarios pesimistas de Taberna verdaderamente no tienen ninguna relación con la realidad. Porque hay toreos excelentes y que hay toreos que reivindican lo mejor de la tradición sevillana. Que, como he dicho, la tradición sevillana es la tradición del toreo, porque aquí se inventó.

Porque con el permiso de Madrid, que es Roma, y de Córdoba, que fue muy importante, pues Sevilla es la Jerusalén del toreo. Y, por eso, quizá el sitio donde suelo estar más a gusto es precisamente aquí, yo, que soy de Madrid. Muchas gracias.