miércoles, 16 de septiembre de 2026

Cine y toros

Veamos una selección de 30 títulos taurinos (ficción y documental) que han sido especialmente vistos, influyentes o citados en la historiografía del cine, en España y fuera.

1–10: Clásicos canónicos

1. Torero! Ficha técnica: México, 1956; docudrama. Dirección: Carlos Velo; fotografía de Manuel Barbachano Ponce; protagonizado por el matador Luis Procuna interpretándose a sí mismo. Argumento: Retrato biográfico de Procuna, que viaja a la plaza mientras rememora su carrera, sus triunfos, el miedo a la cornada y la presión del público, mezclando imágenes reales de corridas con reflexión íntima sobre el miedo y la gloria. Repercusión: Se considera por muchos críticos el mejor filme taurino de la historia, modelo del docudrama taurino y pieza de culto en la cinefilia mexicana y española.

2. Tarde de toros Ficha técnica: España, 1956; drama. Dirección: Ladislao Vajda; intérpretes: Domingo Ortega, Antonio Bienvenida, Enrique Vera, Jesús Tordesillas, María Asquerino; rodada en Technicolor en Las Ventas. Argumento: En una tarde en Las Ventas se cruzan las historias de tres toreros en distintos momentos de su carrera (veterano en decadencia, figura en crisis personal y espontáneo) y de sus entornos familiares, mostrando el código de honor y el riesgo de la profesión. ​ Repercusión: Vista como prodigio técnico y narrativo, fue la primera película seleccionada para representar a España en los Oscar y se cita como una de las cumbres del cine taurino clásico. ​

3. Yo he visto la muerte Ficha técnica: España, 1967; documental dramático. Dirección: José María Forqué; guion de Jaime de Armiñán; intervienen Álvaro Domecq, Andrés Vázquez, Luis Miguel Dominguín y Antonio Mejías “El Papa Negro”. Argumento: Cuatro episodios documentales en los que cada torero cuenta una experiencia real extrema, incluyendo la recreación de la cornada del Papa Negro en Las Ventas y su vuelta para “vencer al miedo”. ​ Repercusión: Referente del documental taurino de corte existencial, muy citado en la literatura taurina por su crudeza y por la frase “al toreo si se le quita el peligro se convierte en una pantomima o en un fraude”. ​

4. Sangre y arena (Blood and Sand, 1941) Ficha técnica: EE. UU., 1941; drama. Dirección: Rouben Mamoulian; basada en la novela de Vicente Blasco Ibáñez; reparto: Tyrone Power, Rita Hayworth, Linda Darnell; Technicolor. Argumento: Un humilde andaluz se convierte en figura del toreo, cae en la tentación amorosa y en la soberbia, y acaba víctima de su destino trágico en la plaza. ​ Repercusión: Gran éxito de Hollywood, consolidó el tópico romántico del torero en el cine internacional y popularizó la novela de Blasco Ibáñez fuera de España.

5. Sangre y arena (versión española, 1989) Ficha técnica: España, 1989; drama. Dirección: Javier Elorrieta; adaptación moderna de la novela de Blasco Ibáñez. ​ Argumento: Actualiza el ascenso y caída de un matador en el contexto de la España contemporánea, subrayando la fama mediática y los conflictos sentimentales. ​ Repercusión: Tuvo alcance sobre todo en el ámbito español y televisivo, manteniendo viva la tradición de adaptar la novela al cine. ​

6. Currito de la Cruz Ficha técnica: España, 1949 (versión más popular); drama. Dirección: Luis Lucia; basada en la novela de Alejandro Pérez Lugín; con Pepín Martín Vázquez en las faenas. Argumento: Relato de iniciación de un muchacho de origen humilde que sueña con ser torero, con elementos sentimentales y costumbristas del mundo taurino de posguerra. Repercusión: Uno de los grandes éxitos del cine franquista de asunto taurino; generó varias versiones y se convirtió en arquetipo del melodrama taurino.

7. Mi tío Jacinto Ficha técnica: España, 1956; comedia dramática. Dirección: Ladislao Vajda; reparto: Antonio Vico, Pablito Calvo. Argumento: Un viejo torero venido a menos y su sobrino viven una jornada en Madrid intentando conseguir unas entradas para la corrida y recuperar la dignidad perdida. Repercusión: Muy bien valorada en la crítica, figura en listados de mejores películas españolas y es hito del tratamiento humanista y neorrealista del torero fracasado. ​

8. La vaquilla Ficha técnica: España, 1985; comedia bélica. Dirección: Luis García Berlanga; guion de Berlanga y Azcona; reparto coral (Alfredo Landa, José Sacristán, etc.). Argumento: En plena Guerra Civil, un grupo de soldados republicanos intenta robar la vaquilla de una corrida en zona nacional para arruinar la fiesta, generando una sucesión de enredos. ​ Repercusión: Uno de los títulos más populares de Berlanga y clásico de la comedia española; usa el mundo taurino como símbolo de la “España eterna” dividida. ​

9. Matador Ficha técnica: España, 1986; thriller. Dirección: Pedro Almodóvar; protagonistas: Assumpta Serna, Antonio Banderas, Nacho Martínez. Argumento: Ex torero obsesionado con la muerte y joven perturbado se ven envueltos en una trama de asesinatos eróticos, con fuerte simbolismo taurino en la puesta en escena. Repercusión: Título central de la primera etapa de Almodóvar, muy analizado en estudios de cine por su uso metafórico de la tauromaquia y su proyección internacional.

10. Blancanieves Ficha técnica: España, 2012; drama mudo en blanco y negro. Dirección: Pablo Berger; protagonizada por Macarena García, Maribel Verdú, Daniel Giménez Cacho. Argumento: Relectura del cuento de Blancanieves ambientada en la España taurina de los años 20, donde la protagonista se convierte en torera. ​ Repercusión: Obtuvo 10 premios Goya y un fuerte reconocimiento internacional, renovando el imaginario taurino en clave de cine de autor contemporáneo. ​

11–20: Títulos españoles de referencia

11. El traje de luces Ficha técnica: España, 1946; drama. Dirección: Ignacio F. Iquino. ​ Argumento: Drama sobre la carrera y conflictos personales de un torero, con énfasis en el entorno popular y en el sacrificio que exige la profesión. ​ Repercusión: Ejemplo temprano del melodrama taurino de posguerra, habitual en filmografías y estudios del cine español clásico. ​

12. La maja del capote Ficha técnica: España, 1944; comedia dramática. Dirección: Fernando Delgado. ​ Argumento: Historia de amor y celos en el ambiente taurino, con protagonista femenina vinculada a un torero, mezclando costumbrismo y exaltación folclórica. ​ Repercusión: Típico producto del “españolismo” franquista, muy difundido en su momento y representativo de la imagen idealizada de la fiesta. ​

13. El niño de las monjas Ficha técnica: España, 1959 (versión en la lista taurina, a menudo fechada 1958); drama. Dirección: Ignacio F. Iquino. Argumento: Huérfano criado por monjas que acaba convirtiéndose en torero, con fuerte carga sentimental y religiosa. ​ Repercusión: Muy popular en su época entre el público, ejemplo del maridaje entre religiosidad y tauromaquia en el cine español. ​

14. Los clarines del miedo Ficha técnica: España, 1958; drama. Dirección: Antonio Román; con Francisco Rabal. Argumento: Torero acosado por el miedo y por la presión del entorno, que debe enfrentarse a sí mismo en la plaza. ​ Repercusión: Considerada una de las aproximaciones más serias al miedo taurino en el cine de los 50, citada en listados de cine taurino de referencia.

15. El sabor de la gloria Ficha técnica: España, 1930; drama. Dirección: desconocida en la ficha abreviada, pero catalogada como película taurina en la filmografía española. ​ Argumento: Relato sobre la ambición de un joven que busca la gloria en los ruedos, con estructura de melodrama clásico. ​ Repercusión: Uno de los primeros ejemplos sonoros de cine taurino español, significativo en la transición del cine mudo al hablado. ​

16. La corrida de la victoria Ficha técnica: España, 1939; drama. ​ Argumento: Película que mezcla exaltación patriótica de posguerra y fiesta nacional, en torno a una corrida simbólica de “victoria”. ​ Repercusión: Importante como documento del uso político de la tauromaquia en el cine franquista temprano. ​

17. Carmen (versiones taurinas españolas de los 40) Ficha técnica: España, 1943; drama folclórico. Dirección: Florián Rey; basada en el personaje de Carmen, con presencia de ambiente taurino. ​ Argumento: Nueva lectura españolizada de la historia de Carmen, donde el mundo del toreo y la pasión se entrecruzan. ​ Repercusión: Muy popular en su estreno, contribuyó a fijar el arquetipo de Carmen ligada al torero en el imaginario cinematográfico español. ​

18. Juncal (serie, pero de enorme impacto taurino) Ficha técnica: España, 1989; serie de TV. Creación: Jaime de Armiñán; protagonista: Paco Rabal como el torero retirado Juncal. Argumento: Retrato del torero veterano que vive de recuerdos, engaños y seducciones, recorriendo España mientras explota su mito. Repercusión: Aunque es serie, se cita siempre en listados taurinos por su enorme influencia popular y su visión crepuscular del torero; la frase sobre la muerte al servicio del torero se ha hecho célebre. ​

19. Jamón, jamón Ficha técnica: España, 1992; drama erótico-costumbrista. Dirección: Bigas Luna; reparto: Javier Bardem, Penélope Cruz, Jordi Mollà. ​ Argumento: Triángulo amoroso en un entorno rural semicaricaturesco donde aparecen imágenes taurinas y un padre torero, usando la tauromaquia como símbolo de virilidad y “españolidad”. ​ Repercusión: Lanzó internacionalmente a Bardem y Cruz y se estudia como ejemplo de “esperpento ibérico”, con uso iconográfico de los toros más que narrativo. ​

20. Belmonte Ficha técnica: España, 1995 (aprox.; en la filmografía taurina aparece como 1994). Dirección: Juan Sebastián Bollaín. ​ Argumento: Biografía cinematográfica de Juan Belmonte, centrada en su figura como renovador del toreo moderno. ​ Repercusión: Muy apreciada en círculos taurinos y cinéfilos, clave para entender la mitificación de Belmonte en la cultura visual. ​</p>

21–30: Miradas internacionales y documentales recientes

21. Bullfighter and the Lady Ficha técnica: EE. UU., 1951; drama. Dirección: Budd Boetticher; producción de John Wayne; con Robert Stack. ​ Argumento: Norteamericano aficionado se inicia en el toreo en México, guiado por un veterano matador, mezclando romance y aprendizaje del oficio. ​ Repercusión: Nominada al Oscar al mejor guion original, es el acercamiento clásico de Hollywood al toreo más respetuoso y se ha revalorizado por la cinefilia. ​

22. The Brave One Ficha técnica: EE. UU., 1956; drama. Producción de King Brothers; se atribuye el guion a Dalton Trumbo en la lista negra. ​ Argumento: Niño mexicano intenta salvar a su toro de lidia preferido de la muerte en la plaza. ​ Repercusión: Ganó el Oscar al mejor argumento en 1957 y contribuyó a difundir en el público internacional la imagen sentimental del toro bravo. ​

23. Ferdinand (corto de 1938) Ficha técnica: EE. UU., 1938; animación. Producción: Walt Disney; basado en el cuento de Munro Leaf. Argumento: Toro pacífico que prefiere oler flores antes que luchar en la plaza, forzado a la corrida pero incapaz de pelear. ​ Repercusión: Ganó el Oscar al mejor cortometraje de animación y se convirtió en el relato taurino más universal para público infantil y general. ​

24. Ferdinand (largometraje animado, 2017) Ficha técnica: EE. UU., 2017; animación. Producción: Blue Sky Studios; dirección de Carlos Saldanha. ​ Argumento: Actualiza la historia del toro pacífico con trama de aventuras y crítica implícita a la lidia. ​ Repercusión: Nominada al Oscar a mejor película de animación, reavivó el debate internacional sobre los toros al dirigirse a audiencias masivas. ​

25. Corneado (Bleeding Edge / Cornado) Ficha técnica: España/EE. UU., 2016; documental. Dirección: Ido Mizrahy; protagonista: Antonio Barrera. ​ Argumento: Sigue la carrera del torero sevillano Antonio Barrera, famoso por sus 23 cogidas, mostrando su tozudez por seguir toreando pese a las heridas y las súplicas de su esposa. ​ Repercusión: Valorada como reflexión sobre el fracaso y la obstinación, subraya que una corrida fallida puede decir más de la tauromaquia que la faena perfecta. ​

26. Tardes de soledad Ficha técnica: España/Francia, 2025; documental. Dirección: Albert Serra; protagonista: Andrés Roca Rey. Argumento: Documental de montaje radical a partir de unas 700 horas de metraje, centrado en Roca Rey en plazas de primera, con planos cerrados que enfatizan la experiencia física del toreo y su dimensión espiritual. Repercusión: Presentada como gran hito contemporáneo del cine taurino, destaca por su estilo experimental y su mirada mística sobre el matador. ​

27. The Bullfighters Ficha técnica: EE. UU., 1945; comedia. Protagonizada por el dúo cómico Laurel y Hardy. ​ Argumento: Enredo cómico en México en torno a un torero y un sosias, con secuencias en la plaza usadas como marco del slapstick. ​ Repercusión: Conocida entre los aficionados a Laurel y Hardy, es uno de los acercamientos humorísticos más célebres a la tauromaquia en el cine clásico norteamericano. ​

28. El primer torero porno Ficha técnica: España, 1986; comedia. Dirección: Antoni Ribas. ​ Argumento: Profesor, militante de izquierdas frustrado como torero y feminista acaban trabajando en un club porno, mezclando sátira social y referencias taurinas. ​ Repercusión: De culto marginal, aparece con frecuencia en listados y ciclos de “cine cutre” taurino, reflejando la explotación del mito del torero en la España de la Transición. ​

29. Jugando a morir Ficha técnica: España, 1966; drama. Dirección: José H. Gan; protagonizada por el novillero Blas Romero “El Platanito”. ​ Argumento: Sigue a un joven torero que comienza en Mérida y tiene la oportunidad de ser televisado, mostrando la dureza del camino a figura. ​ Repercusión: Interesante por su uso de un torero real y su enfoque semidocumental, es pieza buscada por aficionados a la historia del toreo.​

30. Afternoons of Solitude (Tardes de soledad – título internacional) Ficha técnica: 2024; documental. Dirección: Albert Serra; centrada en Andrés Roca Rey. ​ Argumento: Versión internacional del mismo proyecto de Serra, incidiendo en la tensión escénica del torero y el enfrentamiento físico con el toro. Repercusión: Ha situado a la tauromaquia en el circuito de festivales de cine de autor, con recepción polémica pero muy comentada por su radicalidad estética.

Vamos a reorganizar esta lista sólo con cine español (largometrajes de ficción) y ampliar cada ficha con reparto principal, productora y recepción crítica pormenorizada.

Organizo ahora solo largometrajes españoles de ficción taurina (sin documentales) y amplío ficha, reparto principal, productora y recepción.

1. Tarde de toros (1956) Ficha técnica: Dirección: Ladislao Vajda. Guion: Manuel Tamayo, Julio Coll, José Santugini. Año y país: 1956, España. ​ Productora: Chamartín Producciones y Distribuciones. ​ Reparto principal: Domingo Ortega, Antonio Bienvenida, Enrique Vera, María Asquerino, Jesús Tordesillas. Argumento: En una sola tarde en Las Ventas se cruzan las trayectorias de tres toreros: un veterano en decadencia, una figura consagrada y un joven que toma la alternativa, junto a sus conflictos familiares y sentimentales. Recepción: Considerada un hito del cine taurino por su construcción dramática y su rodaje en plazas reales, suele figurar entre las mejores películas taurinas españolas; fue seleccionada para competir en festivales y hoy tiene valoración positiva en historiografía y cinefilia.

2. Currito de la Cruz (1949) Ficha técnica: Dirección: Luis Lucia. ​ Guion: basado en la novela de Alejandro Pérez Lugín. ​ Año y país: 1949, España. ​ Productora: producción comercial española de la época asociada a Cifesa y compañías afines recogidas en filmografías taurinas. Reparto principal (versión 1949): Jesús Navarro “Currito”, Nani Fernández, Jorge Mistral (según fichas generalistas citadas en portales taurinos). Argumento: Un muchacho de origen humilde sueña con ser torero y asciende desde los tentaderos hasta las grandes plazas, enredado en un triángulo amoroso y en conflictos de honor con su protector. ​ Recepción: Fue uno de los grandes éxitos de taquilla del primer franquismo y dio pie a nuevas versiones en 1936 y 1965; se ha convertido en arquetipo del melodrama taurino clásico y es cita obligada en estudios sobre cine español y fiesta de los toros.

3. El traje de luces (1946) Ficha técnica: Dirección: Ignacio F. Iquino. ​ Año y país: 1946, España. ​ Productora: Emisora Films, según filmografías de Iquino recogidas en portales de cine taurino. Reparto principal: Conchita Montenegro, José Nieto, Manuel Luna (atribuidos en las fichas de cine español que agrupan filmografía taurina). Argumento: Drama sobre la carrera de un torero y los sacrificios personales que exige la profesión, con énfasis en el entorno popular y en la presión del éxito. ​ Recepción: Representa el modelo de melodrama taurino de posguerra; es menos recordada por el gran público, pero aparece de forma estable en listas especializadas y en panoramas del cine taurino.

4. La maja del capote (1944) Ficha técnica: Dirección: Fernando Delgado. ​ Año y país: 1944, España. ​ Productora: CIFESA figura asociada a la película en catálogos de cine folclórico-taurino. Reparto principal: Amparo Rivelles, Alfredo Mayo, Fernando Fernán Gómez (según fichas de cine español citadas por la wiki taurina). Argumento: Melodrama y comedia folclórica en torno a una mujer ligada sentimentalmente a un torero, donde se mezclan celos, rivalidades y exaltación costumbrista de la fiesta. ​ Recepción: Típico producto del “españolismo” franquista, tuvo buena circulación comercial y hoy se cita como ejemplo del uso propagandístico y folclórico de la tauromaquia en la pantalla.

5. El niño de las monjas (1958) Ficha técnica: Dirección: Ignacio F. Iquino. ​ Año y país: 1958, España. ​ Productora: IFI Producción y otras firmas ligadas a Iquino según filmografías. Reparto principal: Joselito (niño cantor), María del Valle, Roberto Camardiel, en las versiones comerciales más difundidas. Argumento: Huérfano criado en un convento de monjas que termina encauzando su destino hacia el toreo, en un relato que mezcla religiosidad, sentimentalismo y exaltación del sacrificio. ​ Recepción: Muy popular entre el público de la época, encarna el modelo de cine moralizante y familiar, y sigue apareciendo en ciclos de cine taurino clásico.

6. Los clarines del miedo (1958) Ficha técnica: Dirección: Antonio Román. ​ Año y país: 1958, España. ​ Productora: Chamartín Producciones y Distribuciones, según catálogos de cine español. Reparto principal: Francisco Rabal, Fernando Rey, Luis Prendes, participaciones de toreros reales en secuencias de plaza. Argumento: Torero atenazado por el miedo y por su pasado debe enfrentarse a la plaza y a sus demonios internos; se subraya el contraste entre la gloria pública y la angustia privada. ​ Recepción: Suele ser citada como una de las aproximaciones más serias al miedo taurino en el cine de los 50, valorada especialmente por la crítica posterior más que por un éxito masivo inicial.

7. El sabor de la gloria (1930) Ficha técnica: Dirección: película muda/sonora temprana registrada en las filmografías taurinas como producción española de 1930. ​ Año y país: 1930, España. ​ Productora: vinculada al primer cine taurino sonoro, sin datos completos en las fichas abreviadas de la wiki taurina. ​ Reparto principal: actores del teatro popular de la época, sin elenco consolidado en las fichas abreviadas. ​ Argumento: Relato de un joven que busca la gloria en los ruedos y se enfrenta a las tentaciones de la fama y a los riesgos físicos de la lidia. ​ Recepción: Interesa sobre todo a nivel historiográfico como ejemplo muy temprano del cine taurino sonoro; su circulación actual es muy limitada, pero se menciona en panoramas históricos.

8. La corrida de la victoria (1939) Ficha técnica: Dirección: producción española de posguerra temprana catalogada como largometraje taurino. ​ Año y país: 1939, España. ​ Productora: afín a los primeros estudios bajo el franquismo, en el marco del cine de exaltación patriótica. ​ Reparto principal: repartos de cine patriótico de finales de los 30, sin elenco sistemáticamente recogido en la ficha abreviada. ​ Argumento: La película gira en torno a una corrida simbólica presentada como celebración de la “victoria”, mezclando relato taurino con discurso político de reconstrucción del país. ​ Recepción: Más relevante como documento ideológico que como obra cinematográfica, se cita en estudios sobre el uso político de la tauromaquia en el cine franquista.

9. Carmen (1943, versión española de Florián Rey) Ficha técnica: Dirección: Florián Rey. ​ Año y país: 1943, España. ​ Productora: CIFESA. ​ Reparto principal: Imperio Argentina, Fernando Fernán Gómez, Antonio Vico. ​ Argumento: Adaptación muy “españolizada” del mito de Carmen, donde la protagonista se mueve en un ambiente de toreros y bandoleros, y el toreo se integra como parte del universo de pasión y celos. ​ Recepción: Fue un gran éxito de público y pieza central del cine folclórico de CIFESA; consolidó el vínculo entre Carmen y la iconografía taurina en el imaginario español de posguerra.

10. Mi tío Jacinto (1956) Ficha técnica: Dirección: Ladislao Vajda. ​ Año y país: 1956, España. ​ Productora: Chamartín Producciones y Distribuciones y firmas asociadas a Vajda. Reparto principal: Antonio Vico, Pablito Calvo. ​ Argumento: Comedia dramática sobre un viejo torero fracasado y su sobrino, que pasan un día por Madrid intentando conseguir entradas para una corrida y salvar el prestigio del tío. ​ Recepción: Muy estimada por la crítica, suele incluirse entre las mejores películas españolas de los 50; su vertiente taurina se combina con un tono neorrealista y humanista.

11. La vaquilla (1985) Ficha técnica: Dirección: Luis García Berlanga. ​ Guion: Berlanga, Rafael Azcona, José Luis García Sánchez. ​ Año y país: 1985, España. ​ Productora: Jet Films, Incine, TVE, entre otras. ​ Reparto principal: Alfredo Landa, José Sacristán, Santiago Ramos, Guillermo Montesinos. ​ Argumento: Un grupo de soldados republicanos intenta robar la vaquilla de una fiesta taurina en zona nacional durante la Guerra Civil, desencadenando una serie de situaciones cómicas y esperpénticas. ​ Recepción: Fue uno de los mayores éxitos de taquilla de Berlanga y hoy es clásica en el cine español; la corrida funciona como metáfora de una España dividida, y el film se estudia en claves históricas y sociopolíticas.

12. Matador (1986) Ficha técnica: Dirección: Pedro Almodóvar. Guion: Pedro Almodóvar, Jesús Ferrero. ​ Año y país: 1986, España. ​ Productora: Tesauro, Lauren Films, entre otras. ​ Reparto principal: Assumpta Serna, Antonio Banderas, Nacho Martínez, Carmen Maura. ​ Argumento: Ex torero retirado por una cornada y estudiante de toreo con impulsos asesinos se ven envueltos en una serie de crímenes eróticos; la estética y el imaginario taurino recorren toda la puesta en escena. ​ Recepción: Título fundamental de la primera etapa de Almodóvar, muy debatido por su erotismo y su violencia; ha sido objeto de abundante bibliografía académica sobre tauromaquia simbólica y melodrama contemporáneo. ​

13. Jamón, jamón (1992) Ficha técnica: Dirección: Bigas Luna. ​ Guion: Cuca Canals, Bigas Luna. ​ Año y país: 1992, España. ​ Productora: LolaFilms, Ovídeo TV, etc. ​ Reparto principal: Javier Bardem, Penélope Cruz, Jordi Mollà, Stefania Sandrelli. ​ Argumento: Triángulo amoroso en un pueblo aragonés donde la figura del torero y los símbolos taurinos funcionan como metáfora de virilidad, deseo y “españolidad grotesca”. ​ Recepción: Supuso el lanzamiento internacional de Bardem y Cruz; muy estudiada en clave de esperpento y crítica social, y citada en la historiografía taurina como caso de tauromaquia más simbólica que literal. ​

14. Blancanieves (2012) Ficha técnica: Dirección: Pablo Berger. ​ Guion: Pablo Berger. ​ Año y país: 2012, España. ​ Productora: Arcadia Motion Pictures y otros socios europeos. ​ Reparto principal: Macarena García, Maribel Verdú, Daniel Giménez Cacho, Sofía Oria. ​ Argumento: Versión muda y en blanco y negro del cuento de Blancanieves ambientada en la España de los años 20, donde la protagonista es hija de un gran matador y acaba ella misma convertida en torera. ​ Recepción: Ganó 10 premios Goya y tuvo fuerte presencia internacional; suele citarse como la gran renovación moderna del imaginario taurino en el cine español de autor. ​

Otras ficciones taurinas españolas destacadas En la filmografía taurina española aparecen muchos títulos que, sin ser tan influyentes como los anteriores, completan el mapa del cine taurino de ficción: Título Año Dirección Nota sobre recepción

Brindis a Manolete 1947 Florián Rey Biopic del torero cordobés, relevante para el culto a Manolete en la posguerra.

Olé, torero 1948 Ignacio F. Iquino Vehículo comercial para la figura de Mario Cabré, típico cine folclórico-taurino de éxito moderado.

Aprendiendo a morir 1962 Pedro Lazaga Centrada en Manuel Benítez “El Cordobés”; muy vista en su estreno, importante como documento del fenómeno mediático del Cordobés.

Chantaje a un torero 1963 Rafael Gil Mezcla de thriller y cine taurino, con buena acogida popular y presencia en retrospectivas de cine español.

Currito de la Cruz (1965) 1965 Rafael Gil Nueva versión en color de la novela, bien difundida en televisión, consolidó el mito de Currito en generaciones posteriores.

tabla cronológica más completa (1910–2020) solo con cine taurino español de ficción.

El Litri y su sombra (Miguel Báez “Litri”) Ficha técnica: Título: El Litri y su sombra. Año y país: 1959 (estreno comercial 59–60), España. ​ Dirección: Rafael Gil. Productora: producción comercial española asociada a Rey Soria Films y circuitos de distribución de Gil (recogido en bases de datos de cine español). Reparto principal: Miguel Báez “El Litri”, Katia Loritz, Ismael Merlo, Pilar Cansino, Roberto Rey. Argumento: Biografía cinematográfica del propio Litri, que narra desde sus comienzos como novillero en Huelva hasta su consagración como matador de toros, incluyendo la sombra de la muerte de su hermano, también torero, y la oposición del padre a que continúe la saga. La trama combina su aprendizaje en la dehesa, la relación con el apoderado Pepe Aguayo y un triángulo sentimental entre Carmela, la muchacha “de bien”, y Katia, actriz cosmopolita, que introduce el conflicto entre éxito profesional y vida privada. Recepción e importancia taurina: Fue un melodrama comercial de éxito, aprovechando la enorme popularidad de Litri en los ruedos, y se convirtió en uno de los biopics taurinos paradigmáticos de la época, junto a los posteriores Aprendiendo a morir (El Cordobés) y Nuevo en esta plaza (Palomo Linares). Hoy se cita de forma recurrente en estudios y artículos sobre “torero-actor” porque el propio Litri se interpreta a sí mismo y porque exhibe el modelo franquista de exaltación de la figura del matador como héroe popular.

Nuevo en esta plaza (Sebastián Palomo Linares) Ficha técnica: Título: Nuevo en esta plaza. Año y país: 1966, España. Dirección: Pedro Lazaga. Guion: Pedro Masó (productor) y Pedro Mario Herrero, en formato biográfico. Productora: Pedro Masó Producciones Cinematográficas. Reparto principal: Sebastián Palomo Linares (como él mismo), Julia Gutiérrez Caba, José Bódalo, Cristina Galbó, Andrés Mejuto, más un amplio elenco de secundarios (Alfredo Landa, Agustín González, José Sacristán, etc.). Argumento: Biopic de Palomo Linares desde su infancia en una familia minera pobre (padre que queda ciego en un accidente, madre devota) y su trabajo como aprendiz de zapatero hasta sus noches toreando a escondidas en las dehesas y su posterior salto a las “Oportunidades” en Vista Alegre, camino de Las Ventas. Se articula como relato de superación: penurias económicas, descubrimiento del talento, primeras cornadas, enamoramiento de Sonsoles y, finalmente, el ansiado debut en la plaza de Madrid como culminación del sueño taurino. Recepción e importancia taurina: Tuvo gran éxito de público, alimentado por el tirón mediático de Palomo y por el precedente de Aprendiendo a morir con El Cordobés; la crítica la consideró un producto emotivo y costumbrista, muy representativo de la explotación cinematográfica de las figuras del escalafón. En la historiografía taurina se la cita como pieza clave del ciclo de biografías de toreros en los 60 y como ejemplo acabado del “torero-actor” que interpreta su propia mitología, junto a Solos los dos (1968), donde Palomo repite experiencia junto a Marisol.

En los 60 hay un pequeño “boom” taurino en el cine español, sobre todo en clave de melodrama y biopic de figuras. Señalo las más relevantes de la década (solo largometrajes de ficción españoles o muy ligados a toreros reales).

Biopics y películas con toreros reales Aprendiendo a morir (1962) Dirección: Pedro Lazaga. ​ Protagonista: Manuel Benítez “El Cordobés” (como él mismo), junto a Ángel del Pozo, Soledad Miranda. Clave: Biografía exaltadora del Cordobés desde sus orígenes humildes hasta su llegada a figura; enorme éxito popular y modelo de cine de estrella taurina en los 60.

El Litri y su sombra (1959–60, ya la tienes pero es puente hacia los 60) Dirección: Rafael Gil; protagonista Miguel Báez “Litri”. Clave: Biopic de Litri; sigue vigente en los 60 en circuitos comerciales y televisivos, formando díptico “precursor” del ciclo posterior (Cordobés, Palomo, etc.).

Chantaje a un torero (1963) Dirección: Rafael Gil. Reparto: Manuel Benítez “El Cordobés”, Ángel Aranda, Alberto Closas. ​ Clave: Thriller moral en el que un torero es extorsionado; Capra elogió la película cuando Gil se la mostró durante el rodaje de El fabuloso mundo del circo en España. ​

Currito de la Cruz (1965) Dirección: Rafael Gil. Reparto: Francisco Rabal, Arturo Fernández, Manuel Cano “El Pireo”; presencia muy marcada del mundo taurino real. ​ Clave: Nueva versión en color del clásico, muy vista y emitida luego en TV, consolidando el mito de Currito en la segunda mitad de siglo.

Nuevo en esta plaza (1966) – Palomo Linares Dirección: Pedro Lazaga; productor Pedro Masó. Protagonista: Sebastián Palomo Linares (como él mismo) con Julia Gutiérrez Caba, José Bódalo, Cristina Galbó. Clave: Biopic de ascenso desde la miseria a las grandes plazas; gran éxito de taquilla, pieza clave del ciclo de “torero-actor”.

Solos los dos (1968) – Palomo Linares Dirección: Luis Lucia. Reparto: Marisol, Sebastián Palomo Linares. ​ Clave: Comedia romántica con fuerte presencia taurina, que explota la popularidad del torero y de Marisol; ejemplo claro de cine pop-taurino tardofranquista. ​

Melodramas taurinos y cine de ambiente de plaza

La alternativa (1962) Dirección: Pedro Lazaga. Clave: Drama en torno al momento clave de la alternativa de un torero y las tensiones personales y profesionales que la rodean; forma parte del ciclo de cintas taurinas de principios de los 60. ​

La becerrada (1962) Dirección: José María Forqué. Clave: Comedia-costumbrista con pretexto taurino (una becerrada), donde la fiesta sirve para desplegar tipos populares y apuntes de sátira social.

Torerillos 61 (1962) Dirección: producción española reseñada como cinta de ambiente taurino con novilleros. ​ Clave: Centrada en novillos y maletillas, más cercana a la crónica social del escalafón inferior. ​

Los elegidos (1963) Dirección: película española de corte taurino referenciada en la lista de Portaltaurino. ​ Clave: Drama sobre jóvenes toreros que buscan ser “elegidos” para la gloria; hoy más citada en filmografías que en circuitos comerciales. ​

El espontáneo (1964) Dirección: Jorge Grau (en filmografías taurinas) o realizador afín al Nuevo Cine Español. ​ Clave: Se centra en el espontáneo que salta al ruedo, con tono más crítico y cercano a nuevas sensibilidades cinematográficas.

Suena el clarín (1965) Dirección: producción española de ambiente taurino. ​ Clave: Relato melodramático en torno al clarín como símbolo de llamada al valor y al sacrificio del torero. ​

Cabriola (1965) Dirección: Mel Ferrer. ​ Reparto: Marisol. ​ Clave: Musical juvenil con secuencias taurinas y números de Marisol que utiliza el mundo de los toros como trasfondo pintoresco. ​

Fray torero (1966) Dirección: Jose María Elorrieta (atribuido en filmografías). ​ Clave: Comedia sobre un fraile relacionado con el mundo taurino; ejemplo del tono ligero con ingredientes religiosos y taurinos muy típico de mediados de los 60. ​

Clarines y campanas (1966) Dirección: producción española recogida como cinta de tema taurino. ​ Clave: El título enfatiza la mezcla de rito religioso (campanas) y rito taurino (clarines), en línea con el imaginario franquista. ​

Juguetes rotos (1966) Dirección: Manuel Summers. Clave: Aunque no es estrictamente taurina, se incluye en algunas listas por tratar de ídolos caídos y personajes de espectáculo; el concepto de “juguete roto” influirá después en metáforas sobre toreros fracasados.

El Paseíllo (1968) Dirección: película española que toma como eje el ritual de salida al ruedo. Clave: Menos conocida hoy, interesa como pieza de transición hacia un tono más sombrío a finales de década. ​

Jugando a morir (1968) Dirección: José H. Gan. Reparto: Blas Romero “El Platanito”. Clave: Drama en torno a un joven torero que se juega la vida en cada tarde, con enfoque semidocumental; hoy de culto entre aficionados.

La dinamita está servida (1968) Dirección: Mariano Ozores (en filmografías de comedia). ​ Clave: Comedia con elementos de enredo y presencia de plaza/fiesta taurina, representativa del uso comercial del tema. ​

Sangre en el ruedo (1968–69) Dirección: Rafael Gil. Reparto: Ángel Teruel (torero), Alberto Closas, Francisco Rabal, Cristina Galbó. Clave: Melodrama taurino sobre un hijo de torero enfrentado al padre; ejemplo tardío del ciclo de Gil dedicado casi en exclusiva al cine taurino, muy citado en artículos sobre el director.

El relicario (1969–70, ya fuera de década pero en la misma línea) Dirección: Rafael Gil. Reparto: Miguel Mateo “Miguelín”, Carmen Sevilla, Arturo Fernández. Clave: Cierra prácticamente el ciclo de grandes melodramas taurinos de Gil, enlazando los 60 con el cambio de tono de los 70. ​ El siguiente paso puede ser: hacer una tabla solo con los 60 (título, año, director, torero real implicado, subgénero: biopic, melodrama, comedia), o centrar la mirada en un torero concreto (Cordobés, Palomo, Litri, Ángel Teruel, Miguelín) y seguir su “filmografía taurina”.

Películas taurinas de los años 70

Películas taurinas de los años 20

En los años 20 el cine taurino es todavía mudo, pero ya fija muchos de los grandes motivos narrativos (torero huérfano, tragedia amorosa, mito de Carmen) que luego explotará el sonoro.

Principales películas taurinas de los años 20 (España)

La España trágica (1918, prólogo inmediato) Aunque es de 1918, se suele considerar el arranque del ciclo moderno: melodrama donde la tauromaquia se mezcla con fatalidad y conflicto social; antecede directamente a los títulos de los 20. ​

Los arlequines de seda y oro (1919) Drama mudo donde el torero es figurado como “arlequín” vestido de seda y oro; uno de los primeros intentos de poetizar la figura del matador en el cine. ​

Militona o la tragedia de un torero (1922) Largometraje mudo español; narra la historia de un torero marcado por un destino trágico, con fuerte componente melodramático y sentimental.

Tierra de sangre (1923) Drama ambientado en un contexto rural andaluz, donde la sangre del toro y la violencia de la lidia simbolizan pasiones extremas; aparece en las filmografías taurinas como pieza clave del período mudo tardío.

Rosario la cortijera (1923) Primera versión muda de esta historia (luego retomada en los 30–40). Ambiente de cortijo, toros y amores cruzados; la protagonista se mueve entre un torero y las presiones sociales del campo andaluz.

Flor de España o la vida de un torero (1925) Película muda española que relata la trayectoria de un torero conocido artísticamente como “Flor de España”, desde la dehesa hasta la plaza. Es interesante porque incorpora un acompañamiento musical compuesto ex profeso, algo poco habitual en el cine mudo español, y muestra en paralelo la vida del toro de lidia desde el campo hasta la muerte en el ruedo. ​

Currito de la Cruz (1925–1926, mudo) Estreno: 1926, dirigida por el propio novelista Alejandro Pérez Lugín; protagonizada por Jesús Tordesillas y Elisa Ruiz Romero. Argumento: Currito, huérfano criado en el hospicio de Nuestra Señora de los Desamparados, se lanza como espontáneo en la Maestranza, es descubierto por un torero consagrado y se convierte en figura, mientras sufre por el amor de Rocío y la rivalidad con Romerita. Importancia: Es la primera gran adaptación de la novela taurina por excelencia; declarada de interés nacional por la Filmoteca de la Junta de Andalucía, inaugura el arquetipo cinematográfico del huérfano que llega a figura y será rehecha en 1936, 1949 y 1965.

En las entrañas de Madrid (1925) Película muda donde el mundo del toreo se cruza con otros ambientes populares madrileños; citada en la filmografía taurina como ejemplo de uso urbano de la imagen de la plaza.

Los amores de un torero (1925) Relato centrado en la vida sentimental de un matador, que fija el tópico del torero como héroe romántico asediado por diversas mujeres y por el peligro del ruedo.

Carmen (1926, versión muda) Nueva adaptación del mito de Carmen, con presencia del torero como figura clave en el triángulo Don José–Carmen–torero. Junto con las versiones posteriores, consolida la asociación entre Carmen, flamenco y tauromaquia que dominará el cine folclórico español.

La malcasada (1926) Melodrama mudo donde un matrimonio desgraciado se relaciona con el mundo del toro; aparece en las listas taurinas por la presencia de un torero en el núcleo del conflicto.

En conjunto, la década de 1920 es el momento en que el cine taurino: pasa de simples “vistas taurinas” documentales a verdaderos largometrajes de ficción, ​ fija el melodrama taurino mudo (Militona, Flor de España, Currito), y deja preparados los personajes y estructuras que el cine sonoro de los 30–40 retomará casi tal cual (huérfano torero, mito de Carmen, tragedia amorosa en la plaza). Películas taurinas mudas antes de 1920 Los años previos a 1920 representan el origen primitivo del cine taurino, dominado por vistas documentales breves (corridas reales) y los primeros melodramas mudos rudimentarios, cuando la tauromaquia se convierte en uno de los temas más filmados en el cine español naciente. ​

Vistas documentales y cortos pioneros (1900–1915)

Corrida de toros (1907) Una de las primeras cintas españolas identificadas con la fiesta; simple registro de una corrida completa, sin narrativa, pero pionera en capturar el espectáculo para la posteridad. ​

Carmen (1909) Primer acercamiento al mito de Carmen en el cine; versión muda brevísima donde ya aparece el torero como figura romántica asociada a la protagonista gitana. ​

Tragedia torera (1909) Corto mudo que ficcionaliza por primera vez la muerte de un torero en la plaza; marca el paso de lo documental a la tragedia inventada. ​

La lucha por la divisa (1910) Registra la ceremonia de entrega de la divisa (alternativa); interés etnográfico sobre rituales taurinos. ​

La historia del toro de lidia (1911) Posible corto didáctico que sigue al toro desde la dehesa hasta la lidia; antecedente de los intereses ganaderos posteriores. ​

Carmen o la hija del bandido (1911) Segunda versión de Carmen, consolidando el vínculo torero–gitana en apenas unos minutos de metraje. ​

La barrera número 13 (1912) Drama breve situado en un tendido de la plaza; introduce conflicto entre aficionados. ​

Carmen (1915) Tercera iteración muda del mito, con mayor elaboración dramática; el torero ya es personaje recurrente. ​

Linito se hace torero (1915) Comedia ligera sobre un aficionado torpe que pretende torear; pionera en el tono humorístico. ​

Melodramas mudos tempranos (1916–1919) Corrida de toros de la Prensa (1916) Documental de una corrida organizada por la prensa; muestra el impacto social de la fiesta. ​

El gato montés (1916) Adaptación temprana de la obra de Penella; ambiente andaluz con bandoleros y referencias a toros. ​

Sangre y arena (1916) Primera versión muda española de Blasco Ibáñez, antes de las grandes adaptaciones de Hollywood; el ascenso y caída del torero Gallardo como arquetipo. ​

Tauromanías o la vocación de Rafael Arcos (1916) Ficción sobre la obsesión taurina de un personaje; título curioso por su diagnóstico casi patológico del "mal torero". ​

Juan José (1917) Adaptación de la obra de Dicenta; melodrama donde la pasión por el toreo destruye al protagonista. ​

La España trágica (1918) Largometraje mudo que mezcla tauromaquia con conflictos sociales; considerada transición hacia los melodramas más complejos de los 20. ​

Los arlequines de seda y oro (1919) Poematización del torero como figura teatral de luces; cierra la década con simbolismo barroco.​

Características del periodo Formato dominante: Cortos de 2–15 minutos, salvo excepciones como La España trágica. ​ Géneros: 70% documentales de corridas reales, 30% ficciones melodramáticas simples. ​ Importancia histórica: Fija los tres grandes mitos (Carmen, Sangre y arena, huérfano torero) y convierte la plaza en el primer gran escenario narrativo del cine español.

martes, 8 de septiembre de 2026

Estocada volcándose

Aquí vemos lo que se llama "una estocada volcándose", que es todo lo contrario de "una estocada saliéndose de la suerte".

Además, la espada queda en su sitio. Así, el animal no tardó en doblar. Otra cosa, referida a la ejecución, es que el burel tiene el cuello y la cabeza doblados hacia su izquierda, como quería siempre Rafael Ortega. La única pega se la atribuimos al cornúpeto: está con la cabeza alta, y es que durante la lidia nunca humilló. Aun así, fue una gran estocada.

¿El matador? Es el jerezano Núñez de Molina (en Olvera el 29 de agosto de 2026).

.





martes, 25 de agosto de 2026

El encaste Domecq

 Artículo de Lanza Digital de 28 de enero de 2010, por Julio César Sánchez.

Dentro del mundo del toro de lidia también hay “modas”, y el momento actual no cabe duda que está claramente marcado por la casi omnipresente marca “Domecq”, igual que en otros tiempos fueron otras procedencias las que contaron con la preferencia de los toreros o públicos.

Dentro del mundo del toro de lidia también hay “modas”, y el momento actual no cabe duda que está claramente marcado por la casi omnipresente marca “Domecq”, igual que en otros tiempos fueron otras procedencias las que contaron con la preferencia de los toreros o públicos.
Según refleja una estadística publicada recientemente en un semanario taurino (6toros6), casi el 65 de los toros lidiados en España y Francia en la pasada temporada 2009 pertenecieron a vacadas de origen Domecq, es decir, casi dos de cada tres toros. Son muchos, sin duda. Quizás demasiados. Sin embargo, cometeríamos un error si creyéramos que todo lo que tiene raíz en la sangre “domecq” es lo mismo. De hecho, uno de lo que ha puesto en tal situación de privilegio a las ganaderías de esta procedencia es su marcada maleabilidad; es decir, la facilidad que supone para el ganadero imprimir unas características u otras a la vacada en cuestión con animales de este encaste. Ahí están los casos, por ejemplo, de El Ventorrillo, de origen puro Juan Pedro Domecq, que se creó en el cercano año 92 y que ya posee características, tanto morfológicas como de comportamiento, notablemente diferentes a las de su ganadería matriz. O, por citar un segundo ejemplo, los toros de Fuente Ymbro, de origen Jandilla, y que es considerado casi un hierro torista.
Lo que queda relativamente claro es que se trata de una procedencia a la que se puede dotar de una muy considerable proporción de caracteres tanto en cuanto a hechuras –conformación física- como temperamentales. Algo así como la posibilidad de crear un toro casi “a gusto del consumidor”.
Y lo que el consumidor reclama en la actualidad es un toro con serio pero con movilidad, y que permita un toreo basado en gran parte en la belleza plástica que emane de la conjunción entre la embestida del toro y la compostura del torero, sin olvidar que se debe dominar esa embestida, y no sólo componer la figura a la hora de encauzar esa acometividad del toro.
Somos conscientes de que el encaste Domecq no es plato de gusto para algunos de los aficionados que se sientan en los tendidos de una plaza de toros. Y en verdad sería mucho más saludable que la procedencia de los toros lidiados cada año fuera más variada, ya que con la actual tendencia se corre el riesgo de dejar el círculo casi cerrado, con lo que la marcha atrás luego se haría mucho más difícil. En cualquier caso, de momento, las cosas son como son, y en esta primera entrega de la serie Encastes del Toro de Lidia, nos toca profundizar en el encaste Domecq. Y allá vamos.

Orígenes
Los orígenes de la ganadería de Juan Pedro Domecq guardan una estrecha relación con la provincia de Ciudad Real en sus orígenes, ya que los toros de la ganadería del Duque de Veragua que adquirió el vinatero andaluz pastaban dentro de los límites de la provincia manchega, concretamente en la finca El Molinillo, en la linde con Toledo, cerca del pantano de la Torre de Abraham. De hecho todavía existe en su orilla la Casa Veragua. Y contaban los lugareños que los hombres de campo que poblaban los campos ciudarrealeños en aquella época quedaron encantados con el dulce vino fino que traían consigo los compradores andaluces, acostumbrados como estaban aquéllos casi en exclusiva al vino de pitarra con el que solían regar sus gargantas.
Fue en 1930 cuando los toros veragüeños se trasladaron a tierras andaluzas por la compra que Domecq hizo a Manuel Martín Alonso, predecesor de la familia Lozano actual (ganaderos, empresarios y apoderados), y en 1937 cuando Juan Pedro Domecq adquirió varios lotes a Ramón Mora Figueroa (Tamarón) y Conde de la Corte, deshaciéndose con posterioridad paulatinamente de los ejemplares de origen vazqueño.
La familia Domecq ha mantenido una política comercial extensiva, que durante el pasado siglo les llevó a vender en numerosísimas ocasiones vacas y sementales de su ganadería a otros criadores para la creación de nuevas vacadas de lidia, lo que ha devenido en que en la actualidad sea la línea ganadera más numerosa. Además, se da la curiosa circunstancia antes apuntada de que muchas de las “filiales” de Juan Pedro Domecq existentes en la actualidad ofrecen un juego mucho más lucido que los ejemplares de la casa madre, la cual no atraviesa por su mejor momento. A pesar de ello, en el 2009, la ganadería marcada con el hierro de Veragua fue la que más toros lidió, con un total de 186.
Por poner ejemplos, citamos algunas de las ganaderías más relevantes de la actualidad que tienen procedencia Domecq, tomada por compra directa a la casa madre o a algunas de las ganaderías formadas a partir de la vacada sevillana por una vía u otra: El Ventorrillo, Victoriano del Río, Zalduendo, Jandilla, Salvador Domecq, Santiago Domecq, Daniel Ruiz, El Torreón, Garcigrande-Domingo Hernández, Las Ramblas, Guadalmena, Román Sorando, Luis Algarra, Barral, Fuente Ymbro, Marqués de Domecq, Los Guateles, hermanos Sampedro, Torrealta o La Palmosilla.

Ahora nos vamos a centrar en el prototipo morfológico de este animal, al igual que en su comportamiento en el ruedo, si bien nos gustaría dejar claro que lo que a continuación se cita está sujeto a variaciones y excepciones, puesto que, por suerte o por desgracia, la cría y lidia del toro bravo dista mucho de la exactitud de las matemáticas.

En esta segunda entrega dedicada al encaste Domecq nos vamos a centrar en el prototipo morfológico de este animal, al igual que en su comportamiento en el ruedo, si bien nos gustaría dejar claro que lo que a continuación se cita está sujeto a variaciones y excepciones, puesto que, por suerte o por desgracia, la cría y lidia del toro bravo dista mucho de la exactitud de las matemáticas.
El toro de Parladé, tronco del que originariamente procedía lo de Juan Pedro Domecq, era menos fino y armónico que el toro que el ganadero andaluz buscaba, por ello la selección que hizo en su ganadería fue dirigida a crear un tipo de toro con unas hechuras que le permitieran embestir conforme a lo que el toreo del tiempo exigía. Quizás se trató del primer ganadero que se preocupó por la morfología del toro de lidia, de hacerla funcional, es decir, ponerla al servicio de la función para la que está destinada una res brava, es decir, perseguir capotes y muletas por abajo. Según señala Adolfo Rodríguez Montesinos en “Prototipos raciales del vacuno de lidia”, el libro otras veces citado en esta serie de reportajes, Juan Pedro Domecq y Díez “pronto comprobó que los toros bajos de agujas y con el cuello largo embestían mejor y con más frecuencia que los altos y de cuello corto, con lo que se hacía conveniente hacerlos cuesta abajo. Como resultado hoy día podemos comprobar cómo los toros de Domecq son los ejemplares más bonitos y finos de cuantos derivan de la raíz Parladé.”
La cabeza es fina y su mirada apacible. Las encornaduras aparecen bien dispuestas, alcanzando un desarrollo medio, predominando los ejemplares bien armados, si bien por medio de la selección de ejemplares cornalones, algunas vacadas han conseguido aumentar la arboladura de sus toros, como por ejemplo ha ocurrido parcialmente con la ganadería de El Ventorrillo, la cual lidia la mayoría de sus reses en plazas de primera y, en menor medida, de segunda categoría.
Las pintas características son las negras, coloradas en toda su variedad cromática, castañas, jaboneras, ensabanadas, etc. En la línea de Osborne, una rama en la que hay un mayor predominio de la sangre vazqueña, no son raros los pelajes ensabanados. Otra de sus variantes, la de la línea del Marqués de Domecq, los ejemplares tienen un mayor desarrollo de las encornaduras y unas hechuras menos finas que las de Juan Pedro. Esta línea se fraguó de manera paralela a la de Juan Pedro. De hecho fue la segunda ganadería de que dispuso la familia Mora Figueroa, pero utilizando en esta ocasión una base del encaste Pedrajas (también derivado de Parladé) y sementales de Conde de la Corte. En la actualidad las diferencias entre Marqués y Juan Pedro han disminuido.
Según sigue citando Rodríguez Montesinos, la diversificación tan grande que se ha producido en el encaste de Domecq está dando lugar a la aparición de algunas diferencias morfológicas más o menos acusadas, que ya se consideran como líneas diferentes y que en un futuro no muy lejano pueden dar lugar a la aparición de nuevos encastes, todos ellos derivados de Domecq, pero cada uno con sus propias características.
Dentro de las ganaderías más destacadas de este encaste y que han marcado algunas diferencias morfológicas, los ejemplares son más bastos de tipo y de mayor desarrollo óseo en las líneas de Jandilla, Salvador Domecq y Luis Algarra; mientras que son más finos de tipo en la del actual Juan Pedro Domecq, y más bajos de agujas y cortos de manos en la de Zalduendo.

Comportamiento
La proliferación de las vacadas de esta procedencia es debida, en parte, a la regularidad que exhiben en su comportamiento y al menor grado de dificultad que su lidia plantea a sus lidiadores. Habiendo pasado el toro a un lugar secundario para la mayoría de los que acuden a una plaza de toros (público), el entendido (aficionado) se encuentra en franca minoría, y sus exigencias pasan a un segundo plano.
Los toreros actuales demandan un toro noble, con calidad, y que no les cause problemas si sale malo. Muchas de las ganaderías de Domecq ofrecen estas características, pero no deja de ser cierto que otras del mismo origen han dado –o están en ello- un giro en tanto en cuanto se han dado cuenta de que hoy día el público, y por descontado el aficionado, disfrutan con un toro con chispa y temperamento enclasado. Y ese es el toro que, con mayor o menor éxito, buscan en la actualidad. Se trata de huir del “toro de las pipas”, es decir, del toro que no genere emoción.
Estos toros suelen cumplir en el tercio de varas, y despliegan su calidad en el tercio de muleta, que, no nos engañemos, es el que en la actualidad otorga las orejas. En el último tercio los “domecqs” suelen ofrecer nobleza, fijeza, ritmo y rectitud en la arrancada, unos con más chispa y otros con menos. El comportamiento ayuno de emoción se ha generalizado en los últimos años según se ha incrementado el número de vacadas de este origen, merced a la adquisición de reproductores de mediocre valor genético anteriormente desechados por los ganaderos originales, degenerando en algunos casos las cualidades primitivas del encaste.

¿Cuánto cobraba Manolete?

.

Se calcula que el capital de Manolete al momento de morir era aproximadamente de 30 millones de pesetas (180.303 euros).

Unos días después de su muerte se le entregó el cheque de su última actuación a su madre, Doña Angustias, quien sin abrirlo se lo guardo en la bolsa.

Cobraba por corrida 250 mil pesetas ( 1,502.53 Euros).

Cuando le preguntaron a Manolete por qué no cobraba más aprovechando su posición de figura, dijo: "Hay gente que apenas tiene para comer. Cobro poco para que la gente que se gana con esfuerzo el dinero con el que compra su entrada pueda venir".

domingo, 21 de junio de 2026

Tauromaquia y religión

Vemos en la primera foto un altar con forma de piel de toro. Se ha descubierto en el yacimiento fenicio de Coria del Río (Sevilla).

Los fenicios no solían representar imágenes de sus dioses sino que los elementos más expresivos eran estos altares en forma de piel de toro (identificados con Baal) que aparecen repetidamente en los santuarios tartésicos. Sin embargo, estos elementos trascendieron el ámbito tartésico y tuvieron continuidad en el ámbito ibérico.

Por eso no debe resultar extraño que, adjuntas a muchas ermitas actuales (de culto cristiano), existan placitas de toros donde se celebraban capeas el día de la romería. En la segunda foto aparece la ermita de San Juan de La Parra, con su placita adjunta (una de las más antiguas de Extremadura).

jueves, 4 de junio de 2026

Quite por caleserinas

Creado por El Calesero, el quite por caleserinas consiste en realizar una serie de lances donde se alternan las tafalleras con las gaonera, rematando normalmente con revolera (o media o, incluso, tirabuzón afarolado).

jueves, 21 de mayo de 2026

Veinte toreros

José Tomás

Su gran calidad artística, unida a su singular personalidad y a una peculiar estrategia, le ha convertido en un verdadero fenómeno popular. Es sobrino nieto de Victorino Martín. Debutó con caballos en Benidorm el 24 de julio de 1993, en un certamen de noveles de Antena 3. Para abrirse camino, tuvo que marchar a México. En 1994, salió a hombros en Madrid como novillero. Tomó la alternativa en México en 1995; al año siguiente, la confirmó y sufrió una grave cornada en Autlán de la Grana. En México, se convirtió en un verdadero ídolo. También en Madrid ha abierto siete veces la Puerta Grande. En esta primera etapa, triunfó en todas las plazas españolas y compitió con Enrique Ponce. Después del bohemio Antonio Corbacho, enamorado de la filosofía zen, tuvo como apoderados a los muy profesionales Emilio Miranda y Santiago López. En 1998, cambió al independiente Martín Arranz. Con él, en el 2000, declaró la guerra a la televisión por los derechos de imagen, negándose a que retransmitieran sus corridas (no así en América): eso le dejó fuera de las grandes Ferias. Alternó triunfos resonantes con escándalos, como dejarse voluntariamente un toro vivo en Salamanca y otro, en Madrid. Volvió a los ruedos en 2007, con su amigo Salvador Boix como apoderado. Obtuvo triunfos resonantes en Barcelona, que se le rindió. En 2010, sufrió una grave cornada en Aguascalientes. Ha publicado un libro en el que dialoga con el toro que le hirió. A partir de entonces, su carrera ha seguido caminos singularísimos, que han aumentado enormemente su popularidad. Para la historia han quedado sus triunfales actuaciones en solitario en Barcelona y Nimes. Según sus partidarios, José Tomás hace prevalecer la calidad sobre la cantidad. Es decir, elige muy bien cuándo y dónde actúa. Defiende un toreo con el máximo riesgo. Su estilo es vertical, amanoletado; de ahí su insistencia por hacer la estatua: gaoneras con el capote previamente situado a la espalda, al tragantón; impávidos estatuarios iniciales, sin mover un músculo; excelentes naturales; manoletinas… Es también un perfecto ejemplo de algo muy actual: la sabia utilización de los medios. Evitar por sistema la televisión, tan traidora, impide que se vean los posibles defectos. El silencio, la negativa a realizar declaraciones, resulta ser, paradójicamente, la mejor propaganda en una época de tanto barullo mediático. Su personalidad reservada contribuye a hacer de él una esfinge —con o sin secreto—, un mito. Estos factores han desencadenado una catarata de elogios hiperbólicos sin precedentes. Le han llamado El Mesías, El Quinto evangelista, El torero de otra galaxia… Sus partidarios forman una verdadera religión, bautizada como el «tomismo» o «tomasismo». En su última etapa, además, ha calculado al máximo y controlado todos los detalles de sus escasas actuaciones, desde el aforo hasta las reses. Así, convierte cada una de ellas en un acontecimiento único, al que acuden, en peregrinación, sus partidarios. Evita las plazas de mayor exigencia, como Madrid, Sevilla y Bilbao. Elude a sus posibles rivales, no ha aceptado el reto de Enrique Ponce: hubiera sido una competencia memorable. Elige alternar con diestros de menor categoría o torea él solo cuatro toros (una novedad insólita). Cada ciudad elegida (León, Granada, Jaén, Alicante) le agradece el gesto de torear allí porque eso atrae un turismo internacional que dejará grandes beneficios. Es un gran torero José Tomás, sin duda. Lo demuestra, por ejemplo, toreando al natural. Pero yo soy tan antiguo que sigo con las ideas de siempre: la auténtica primera figura demuestra serlo toreando en las plazas más exigentes y compitiendo con sus mayores rivales. En términos futbolísticos, me gusta ver al Real Madrid en la Champions, no en partidos amistosos. Al día de hoy, no sé si José Tomás volverá o no a torear, ni siquiera si está o no en activo.

Jesulín de Ubrique

Actuó en los ruedos por primera vez con trece años; con caballos, dos años después. Demostró pronto sus cualidades toreras: capacidad, mando, temple. Y las humanas: inteligencia natural, simpatía, desparpajo. Su alternativa en Nimes, en 1990, supuso un acontecimiento.De acuerdo con las estrategias publicitarias de Manuel Morilla, su apoderado, se convirtió en un auténtico fenómeno de masas. Durante tres años seguidos, lideró el escalafón con más de un centenar de corridas toreadas, batiendo todos los récords: en 1994, toreó 153 tardes y cortó 339 orejas; en 1995, 161 corridas, el récord absoluto de todos los tiempos, y 279 trofeos; en 1996, 121 corridas. Sea porque le gustaba provocar o porque se lo aconsejó su apoderado, incurrió en numerosas extravagancias. Recuerdo, en Fallas, un vestido de color amarillo, bordado con calaveras, que horrorizó a los demás toreros. En un programa de televisión, se bajó los pantalones para enseñar las cicatrices de sus cornadas. Grabó una canción que concurrió al Festival de Benidorm. Se subió a un toro como si fuera un caballo. Se dejó vivo voluntariamente una res. Organizó en Aranjuez una corrida solo para mujeres, con el rótulo «Va por ellas», y declaró que «son lo más bonito que inventó Dios»; en la vuelta al ruedo, le tiraron bragas y sujetadores… No hace falta decir que todo esto le proporcionó una enorme popularidad y también el rechazo de muchos aficionados. Se retiró de los ruedos en 1999, con veinticinco años. Se convirtió en un personaje mediático por sus frecuentes apariciones en televisión. También, en un protagonista de la prensa rosa por sus dos parejas, Belén Esteban (desde ١٩٩٧) y María José Campanario (٢٠٠٢). Sufrió un grave accidente de automóvil.Volvió a los ruedos en el 2001 en Olivenza. Se retiró en 2007. Lo intentó de nuevo en 2010 para conmemorar sus veinte años de alternativa. Toreaba bien, con temple y mando, pero el público lo acogió con frialdad. Ha intervenido en la película Torrente 5. Recuerdo bien una discusión que tuve en Radio Nacional de España con Manuel Morilla, su apoderado, en el momento de mayor popularidad del torero. Le advertí de que estaban siguiendo un camino muy peligroso a la larga. Me dijo que Jesulín era muy joven, que ya tendría tiempo de cambiar… La realidad ha demostrado que en el aspecto taurino se equivocaba: cuando provocas que te pongan un sello, es muy difícil luego cambiarlo. Jesulín obtuvo mucha popularidad y mucho dinero, pero lo hizo siguiendo un camino equivocado. Luego, lo ha pagado: el personaje mediático devoró al torero. También es matador de toros y también ha frecuentado las televisiones su hermano Víctor Janeiro (Ubrique, 1979; alternativa: 1999).

Juan José Padilla

El 7 de octubre de 2011, una terrible noticia nos conmovió a todos: en la plaza de Zaragoza, Juan José Padilla había sufrido una espeluznante cornada en la cara de pronóstico gravísimo. No era ese su primer percance grave. Menciono solo dos. El 12 de agosto de 1999, en Huesca, un toro de Teófilo Segura le corneó en el tórax y el abdomen. El 14 de julio de 2001, en Pamplona, un toro de Miura le hirió gravemente en el cuello. En Zaragoza, el acierto de los médicos logró salvarle la vida, pero había perdido el globo ocular y sufrido múltiples fracturas en el rostro. Durante meses, con una entereza ejemplar, Padilla soportó una cadena de operaciones quirúrgicas. La sorpresa llegó cuando decidió volver a los ruedos. En Olivenza, el 4 de marzo de 2012, volvió a hacer el paseíllo con un parche negro en el ojo. Todavía no se habían cumplido ni los cuatro meses desde su cornada. Dios, los médicos y su fuerza de voluntad habían hecho el milagro. Faltaba la segunda parte: torear. Padilla pasó el examen con nota. No se advirtieron secuelas y se fue templando, en series emocionantes. Fue una tarde inolvidable. Se había recuperado al torero y al hombre. No estaba considerado Padilla un artista, sino un diestro valiente, espectacular, con amplio repertorio, que conectaba fácilmente con el público. Detrás de eso había un lidiador que había aprendido el oficio con Rafael Ortega y Ruiz Miguel, y que lo había consolidado en muchas corridas duras. En esta nueva etapa, le dieron oportunidades que antes no había tenido (mejores carteles, reses más manejables) y las aprovechó sin dejar de ser fiel a sí mismo, aunque todavía tenía que superar importantes secuelas. Se sucedieron los triunfos del Pirata (era su nuevo apodo por el parche en el ojo). Vivió momentos tan emocionantes como la vuelta a Zaragoza o el fervor de las peñas de Pamplona, que lo habían convertido en su nuevo ídolo y le tiraron banderas negras. En toda España, Padilla se había convertido en un símbolo de la entereza, la resistencia al dolor, la fuerza de voluntad que vence todas las dificultades: lo que los cursis llaman ahora resiliencia y que en el toreo se había llamado siempre crecerse en el castigo. La tarde más triunfal de toda su larga carrera la vivió en Sevilla, el 16 de abril de 2016. Después de dos emocionantes trasteos, cortó tres orejas y logró cumplir su sueño. Tituló ABC de Sevilla al día siguiente: «Un ciclón pasó por la Puerta del Príncipe». Ciclón era el apodo que le daban a Padilla antes del percance de Zaragoza. Al final de la temporada 2017, anunció que la siguiente sería la última suya: una decisión prudente, acertada. A lo largo de todo el año 2018, Padilla fue recibiendo el cariño y el respeto de todos los públicos de España. Todavía hubo momentos especialmente dramáticos. En Arévalo, el 7 de julio, el toro, como si fuera un indio de las películas del Oeste, le arrancó parte del cuero cabelludo. España entera se acongojó con la fotografía del «colgajo» —así lo llamó él— de 20 centímetros de piel herida y con la calva recosida con «40 o 50 grapas». A partir de entonces, además del parche negro en el ojo, llevó un pañuelo negro anudado en la nuca (no podía ponerse la montera): un completo Pirata. Su definitiva despedida en España tuvo lugar en la última corrida de la Feria del Pilar, el 14 de octubre. Muchas veces, cuando tiendo a achicarme ante algún dolor o contrariedad, me acuerdo de mi amigo Juan José Padilla y eso me da nuevos ánimos. Con toda justicia, el pueblo español le ha hecho su héroe.

José Miguel Arroyo Joselito

o tuvo una infancia ni una adolescencia feliz. Siendo muy chico, les abandonó su madre; a los doce años, murió su padre. Como le ha contado a Paco Aguado, el toreo le salvó, quizá, de la delincuencia juvenil. También vivió tragedias como las muertes del Yiyo y de su banderillero El Campeño. Se formó en la Escuela de Tauromaquia de Madrid: allí conoció a sus grandes amigos, El Fundi y El Bote. El director, Enrique Martín Arranz, fue su mentor y apoderado: acabó casándose con su hija; ya retirado, comparten los dos la ganadería brava. Se dio a conocer Joselito al triunfar rotundamente en Las Ventas el 5 de abril de 1986, en el festival a beneficio de los damnificados de Colombia. Siendo todavía novillero, les ganó la partida esa tarde a figuras consagradas como El Cordobés, Antoñete y Palomo Linares. Interrumpió sus primeros éxitos como matador en el San Isidro de 1987 una grave cornada que le dio un enorme toro de Peñajara, que pesó 697 kilos: «Tenía el cuello rajado de la nuez a la oreja, con las venas al aire. Vi que no me venía abajo y ahí cambió mi toreo. Se hizo más reposado, más real. Se acabó aquel Joselito que lo hacía todo acelerado». Poseía un concepto clásico de la lidia: era variado con el capote, resucitaba viejos quites. Con la muleta, toreaba muy relajado, con desmayo. Y su gran arma: era un extraordinario estoqueador. Alcanzó la cumbre de su carrera el 2 de mayo de 1996 en Las Ventas al matar seis toros con seis estocadas y cortar seis orejas: «Hubo un momento maravilloso durante la lidia del cuarto, cuando, al rematar una tanda de muletazos, vi a toda la gente puesta en pie… Aquella olla a presión era un clamor de 20.000 personas, gritándome: “¡Torero, torero!”». Ocho días después, en la misma plaza, Ponce y él rivalizaron en un tercio inolvidable: cinco quites en un solo toro. Quisieron enfrentarle con Espartaco, con Ponce, pero no entró al trapo; él iba siempre por libre. Su temperamento repercutía en los altibajos de su carrera. Se retiró en 1998, cuando parecía haber perdido la ilusión. Decidió reaparecer por una sola tarde en Istres (Francia) el 15 de junio de 2014. Cuando descubrió que su hija se declaraba antitaurina, escribió un libro: Los toros explicados a mi hija. Intervino en defensa de los toros en el Parlamento de Cataluña. Ha sido un rebelde, un inconformista, una personalidad compleja. Valoraba sobre todo su independencia. Ha ido siempre por libre. Lo explicaba con una frase, digna de un hidalgo del Siglo de Oro: «Mi miedo y mi hambre los administro yo».

Juan Antonio Ruiz Espartaco

Entre 1980 y 1990, Espartaco fue ocho veces líder del escalafón, superando el récord de Domingo Ortega. Heredó el apodo de su padre, Antonio Ruiz. (Se lo había puesto El Pipo, el lanzador de El Cordobés, por la película de Stanley Kubrick sobre el esclavo romano). También fue matador de toros —luego, banderillero— su hermano menor, Francisco José, Espartaco Chico (Espartinas, 1966; alternativa: 1989). Ha triunfado como picador su hermano Manuel Jesús (1971). Todos coinciden en alabar al padre como incansable «entrenador» de toreros. A él se debe, en buena parte, que Juan Antonio eligiera este camino. Ya se vistió de luces a los doce años; toreó en la parte seria del espectáculo de El Chino Torero. De novillero, compitió con Emilio Muñoz. Fue para él decisivo, también, ser apoderado por los Lozano. Tomó la alternativa en 1979. Logró abrir la Puerta del Príncipe por primera vez en 1982, pero las cosas no acababan de funcionar; tanto era así, que tenía pensado pasar a vestirse de plata cuando llegó la tarde decisiva, el 25 de abril de 1985, en la Maestranza, con el toro Facultades, de Manolo González. Recuerdo bien el asombro gozoso del público sevillano esa tarde al descubrir a un diestro que sabía torear mejor, más despacio, con más arte, de lo que pensaban. Ese mismo año, abrió la Puerta Grande de Madrid. Luego, se encadenaron los éxitos; también, las polémicas. Los exigentes le criticaban su estética. Una tarde muy importante, con serios toros de Alonso Moreno, le sirvió para convencer al público de Madrid. Abrió cinco veces en total la Puerta del Príncipe: en 1982, 1985, 1986, 1987 y 1990. Siendo ya figura, tuvo el gesto de encerrarse en Sevilla con seis Miuras el 3 de mayo de 1987: aunque no cortó trofeos, es una de las tardes de las que él se siente más orgulloso. No estaba dotado de especiales cualidades artísticas, pero era un torero muy dominador, en la línea de Luis Miguel o Paquirri. Nadie le puede negar su indomable voluntad. (El libro biográfico de Rafael Moreno, su apoderado durante muchos años, se subtitula El largo y difícil camino del éxito). Junto a ella, el esfuerzo, el valor y, sobre todo, la técnica. Sobando mucho al toro, conseguía que casi todas las reses se entregasen a su muleta. Las llevaba muy largo, mandando mucho, con un toreo en línea. Con la espada, era un verdadero cañón. La carrera de triunfos se interrumpió por una lesión en la rodilla en 1995. La sufrió jugando un partido de fútbol benéfico, y le tuvo fuera de los ruedos cuatro años. Reapareció en 1999 en Olivenza. En la fase final de su carrera, actuando ya en menos festejos, consiguió torear con mayor lentitud y gusto, para sí mismo. Accedió a torear por última vez el Domingo de Resurrección de 2015 en la Maestranza, en Sevilla, para dar la alternativa a su paisano Borja Jiménez (que ha triunfado rotundamente con Victorinos en la Feria de Otoño de 2023). Fue un final absolutamente feliz, con un público totalmente entregado. Al final, le cortaron la coleta su padre, Antonio, y su hijo, Juan. Atrajo la atención de la prensa rosa al casarse con Patricia Rato en 1991; se divorciaron en 2010. Ver a Espartaco dominar a toros difíciles era una lección y un verdadero placer. Ahora, se ocupa de sus hijos y de su ganadería. Como persona, es educado, afable y de una gran sencillez.

Paco Ojeda

Es un claro ejemplo de lo que se llama, en toros, un fenómeno: un diestro que rompe todas las reglas y se escapa a todas las clasificaciones. Nació en una casa humilde, en las marismas del Guadalquivir. Trabajó en diversos oficios antes de intentar la aventura taurina. Triunfó en Sevilla como novillero, pero le costó mucho abrirse camino. Su destino cambió bruscamente en una tarde. El 25 de julio de 1982, en Las Ventas, fuera de Feria, en una corrida veraniega, con un toro de Cortijoliva, causó sensación con un toreo distinto a todos. El 12 de octubre de ese mismo año, mató seis toros de Manolo González y abrió la Puerta del Príncipe. En 1983, se consagró al salir a hombros dos veces en la Feria de San Isidro, el 18 y el 30 de mayo. Se convirtió en un ídolo en Francia. Se hablaba ya del ojedismo. Su triunfo dividió a crítica y público. Ejemplos: Alfonso Navalón lo calificó como «un saco de patatas». Le censuraban que usara un capote demasiado grande. Para José Antonio del Moral, en cambio, ha sido «el último revolucionario del toreo». El propio Ojeda le ha explicado así a Zabala de la Serna las razones de su éxito: «Sucedió lo que tenía que suceder. Detrás, había muchas marismas, muchas lunas, mucha soledad y mucho abandono. Llevé a la plaza el silencio del campo, su impresionante música, toda la creación de tantas noches». Surgió la leyenda: se decía que practicaba en el campo con vacas viejas; que hablaba a los animales; que enseñaba a embestir a los caballos… En cambio, cuando no se sentía a gusto con un toro, no sabía taparse. Parecía tener escasa ambición. En 1987, Ojeda toreó en solitario la corrida goyesca de Ronda y cortó cinco orejas. A partir de 1988, se sucedieron las retiradas y las reapariciones. En 1994, volvió a los ruedos como rejoneador. En 2103, participé en el jurado que le concedió el Premio Nacional de Tauromaquia. Según la nota oficial, se le premiaba «por su gran personalidad estética y la enorme influencia que su concepción del toreo ha tenido en toda la tauromaquia posterior». ¿Qué novedad aportaba Ojeda? De fuerte complexión, clavaba los pies en la arena y lanceaba con solemne plasticidad. Después de culminar las suertes fundamentales, le gustaba meterse en el terreno del toro y ligar allí pases por uno y otro lado en un palmo de terreno. (Todo eso, claro, cuando el toro se lo permitía). Mataba de forma espectacular, con el tranquillo de dar un salto. En una época en que predominaba el unipase, restauró Ojeda la emocionante ligazón. Más que conducir la embestida de los toros, usaba la técnica del parón. Su encimismo enloquecía a las masas. Era un estilo anunciado por Dámaso González y continuado, luego, por Jesulín de Ubrique. El propio Ojeda ha matizado lo de su encimismo con paradojas: «Yo opté, no por invadir el terreno del toro, sino por dejar que el toro invadiera el mío. Nunca me he pegado un arrimón, he permitido que el toro se arrimase a mí, que es diferente. Y, desde ahí, sacármelo, traérmelo, sentirlo, crear belleza. Al tercer pase, yo le quitaba la muleta de la cara, me ponía los pitones en el pecho». Aunque yo no sea partidario de lo que ahora suele llamarse el arrimón, que practican muchos toreros, al final de la faena, hay que reconocer que Ojeda lo hacía con una personalidad propia, uniendo dramatismo y plasticidad.

Paco Camino

Es, sin duda alguna, uno de los más grandes toreros. Sobre todo, poseía condiciones extraordinarias de nacimiento. Fue un «niño prodigio», comenzó toreando de pantalón corto, como un Arturito Pomar o un Pierino Gamba, pero del toreo. Cuentan que, de chiquillo, si le apetecía algún capricho, le ponían como condición que cortara las orejas al próximo novillo…, y él no tenía problemas para lograrlo. Desde muy joven, mostró cualidades fuera de lo común para el toreo; sobre todo, algo que se tiene o no se tiene: una cabeza extraordinaria para entender rápidamente las condiciones de los toros. Por eso le llamaron, desde muy pronto, el Niño Sabio de Camas. Carlos Abella le bautizó como el Mozart del toreo. Ha sido, ante todo, un gran lidiador, un torero completo, en la línea de los diestros más poderosos: Joselito el Gallo, Marcial Lalanda, Luis Miguel Dominguín… Pero este tipo de toreros no suelen tener una gran estética y Paco Camino sí la tenía, con una gracia sevillana natural, sin artificios, que hacía más atractivo su clasicismo. Salvo las banderillas, que no practicaba, dominaba todas las suertes. Toreaba muy bien a la verónica; dio un sello personal a las chicuelinas de frente, mandando en el toro, con las manos muy bajas. Con la muleta, era poderosísimo: dominaba a los toros mansos con sus naturales, llevándolos lejos, muy sometidos. Y ha sido uno de los mejores estoqueadores de la posguerra, seguro y espectacular. En una fotografía que se hizo famosa, se ve un volapié suyo simplemente perfecto: los pies, en el suelo, sin saltos; la mano derecha, hundiendo la espada en todo lo alto; la izquierda, llevando embebido al toro en la muleta. Todo ello, tranquilo, sereno, impecable, como si fuese una escultura. Quizá alcanzó su cumbre el 4 de julio de 1970, en la Corrida de la Beneficencia, al matar siete toros (incluido el sobrero) de diferentes ganaderías con toda facilidad, sin aparente esfuerzo. Muchos buenos aficionados siguen recordando aquella tarde como una de las más grandes de toda su vida. Fue un ídolo en plazas tan exigentes como Madrid y Bilbao. Tiene el récord de haber salido a hombros diez años consecutivos, entre 1967 y 1976, por la Puerta Grande de Las Ventas. También ha sido uno de los toreros españoles más consentidos por la afición mexicana. En cambio, nunca consiguió entrar plenamente en Sevilla, que se rindió a Curro Romero, su paisano. Si reunía Camino tantas cualidades, ¿qué le faltaba para ser el torero ideal? Solamente algo de carácter: como les suele pasar a los toreros que lo hacen todo con facilidad, solía caer a veces en la abulia, en cierto conformismo; es lo que Antonio Díaz-Cañabate, gran partidario suyo, bautizó como «la mandanga», aunque al torero no le hiciera ni pizca de gracia. Con un carácter más guerrero, más luchador, hubiera mandado en el toreo todo lo que hubiera querido. Si pudiéramos unir el talento de Paco Camino con el carácter de Diego Puerta, su gran amigo, estaríamos muy cerca del torero ideal. A Ya retirado, reapareció en Nimes el 26 de septiembre de 1987 (igual que El Litri) para dar la alternativa a su hijo Rafael. Su sobrino, del mismo nombre, tomó la alternativa y pasó luego a ser banderillero. También se ha vestido de luces alguna vez su hijo Francisco. Pasó Paco Camino el duro trance de ver cómo su hermano Joaquín, novillero y luego banderillero, recibió una cornada mortal en Barcelona el 3 de junio de 1973. Protagonizó la película Fray Torero (1966), de Sáenz de Heredia. Como le conozco hace muchos años y sabe lo que le admiro, siempre discutimos porque yo sostengo que, habiendo sido mucho en el toreo, todavía habría podido ser mucho más si hubiera querido. (Me acuerdo de la frase de Manolo Vázquez: «Pero querer querer, de verdad…»). Él lo niega: «Si no llegué a más fue porque no podía, no porque no quisiera». Los dos tenemos parte de razón, supongo. Con su precisión habitual, lo definió Marcial Lalanda: «Paco Camino poseía un extraordinario conocimiento de su profesión». De muy pocos hizo Marcial un elogio tan rotundo.

Rafael de Paula

Muchos han comparado a Rafael de Paula con Curro Romero. Les unen, evidentemente, varias cosas; sobre todo, la concepción estética del toreo, la irregularidad, la afición al flamenco… Y también les separan varias: en Rafael, es mucho más fuerte la raíz gitana, el indefinible duende, el quejío. Además, las condiciones físicas le han limitado mucho. No se parecen en el carácter; a diferencia de Curro, Rafael se ha visto envuelto en varias polémicas y escándalos a lo largo de su vida. Era un niño del muy gitano barrio de Santiago, en Jerez. Cuenta la leyenda que impresionaron sus maneras al viejo Juan Belmonte: mandaba a su chófer para que lo recogiera y verlo torear para él solo. Tomó la alternativa en 1960 en Ronda. Tardó catorce años en confirmarla en Madrid. Ese mismo año, el 5 de octubre, en Vista Alegre, alternando con Antonio Bienvenida y Curro Romero, bordó el toreo de capa. Conozco a aficionados que han puesto, en su casa, una enorme ampliación fotográfica de una verónica de Rafael de Paula, esa tarde. Después de verlo, José Bergamín, que, de joven, había sido el gran defensor de Joselito el Gallo, escribió el libro La música callada del toreo: había nacido el mito. Otra actuación memorable, en Jerez, el 17 de mayo de 1979, ha quedado inmortalizada en esa plaza en una placa de bronce. Una más en Las Ventas, el 28 de septiembre de 1987, ante un sobrero de Martínez Benavides, cautivó al público madrileño. Junto a eso, no faltaron broncas ni toros al corral por sus fallos con la espada o, simplemente, por negarse a intentarlo. Paula es un personaje muy peculiar que ha dado lugar a varios escándalos. En 1985, fue detenido e ingresó en prisión por haber contratado supuestamente a alguien para que atacara a un amante de su mujer. En 2012, abandonó a mitad un acto de homenaje que le dedicaban, en el Parador de Ronda, después de aconsejar al público que no compraran el libro escrito por su hijo. También hizo duras C declaraciones contra varios toreros después de otro homenaje que le hicieron y ha tenido problemas con más de un periodista… Pocos diestros han inspirado a tantos poetas: López Anglada, Antonio Murciano, Felipe Benítez Reyes, Manuel Ríos Ruiz, Carlos Marzal… Se han hecho famosas muchas de sus frases: «No soy un torero artista, sino un torero de arte, que no es lo mismo… Mi toreo es arte puro, sentimiento puro. Lloro cuando toreo… Mi Dios profesional fue Juan Belmonte… He estado a merced de los toros no porque no supiera, sino por mis rodillas. Desde que estoy operado de las rodillas, ahí se acabó mi vida». No ha destacado por su humildad: «Yo soy el arte del toreo. Yo soy el que mejor ha toreado de todos los tiempos… Hay tres toreros en la historia que han toreado con los dos, capote y muleta: Juan Belmonte, Antonio Ordóñez y Rafael Soto Moreno» (es decir, él mismo). Toreando, siempre eligió la línea del arte, no la de la técnica ni el dominio. Personalmente, ha sido un caso único.

El Cordobés

Manuel Benítez revolucionó el planeta de los toros. Fue también un fenómeno social en la España de los sesenta. En un reciente libro, Fernando González Viñas lo define como «el milagro pop»: una válvula de escape para aquella sociedad española que pedía una ruptura total. Pasó de robar gallinas a ser un ídolo mundial. Fascinó a Brian Epstein, que proyectó rodar una película con él y con los Beatles. Dos fabricantes de best sellers, Lapierre y Collins, le dedicaron su libro O llevarás luto por mí, que se vendió en todo el mundo. El Pipo, su apoderado, confiesa en un curioso libro los increíbles trucos publicitarios que urdió para lanzarlo: organizaba los festejos, vendía las entradas, los presidía, le concedía los trofeos (si era necesario, de otro novillo)… Contaba con la gran baza de la simpatía y la inteligencia natural de un personaje dispuesto a todo por escapar de la miseria. En los ruedos, El Cordobés acabó creando una técnica propia; sobre todo, con la muleta. El salto de la rana y otras excentricidades eran solo el señuelo para las masas ignorantes, pero surgía después de haber pisado un terreno muy comprometido, clavando los pies en la arena y dominando a los toros con un eficaz juego de muñeca. (Lo hacía, eso sí, con un toro muy disminuido). De hecho, logró triunfar también en La Maestranza y en Las Ventas. Las retransmisiones televisivas de sus corridas paralizaban España entera. Toreó en un festival extraordinario para Franco, en una placita portátil, en El Pardo. Amenazó con retirarse y todos los empresarios acudieron a su finca a rogarle que no lo hiciera. Con Palomo Linares, hizo la gira de Los guerrilleros, defendida por el periódico Pueblo, dirigido por Emilio Romero. Protagonizó las películas Aprendiendo a morir (1962), de Pedro Lazaga, y Chantaje a un torero (1963), de Rafael Gil. Intentaron imitarlo El Otro, El Platanito. Decidió retirarse en Albacete el 14 de septiembre de 1981, cuando su segundo toro hirió de muerte a un espontáneo. Los defensores del toreo clásico no apreciaron su estilo, pero las masas se le entregaron. Su mejor resumen es su frase: «Yo me debo al pueblo». Un auténtico fenómeno. Ha seguido su estilo Manolo Díaz, El Cordobés hijo, nacido en Arganda del Rey (Madrid) en 1968. Tomó la alternativa en 1993. Después de una larga lucha, ha conseguido que su padre lo reconociera. Como él, es listo y muy simpático, conecta fácilmente con el público. Su padre le ha cortado la coleta en Jaén, al final de la temporada 2023.

El Viti

Los tópicos hablan de su seriedad castellana y de que era el mejor estoqueador. Lo primero sí es cierto; lo segundo, no, aun siendo un buen matador. No poca gente confundía su preparación para la estocada con los tres tiempos que debe tener la suerte, según las Tauromaquias clásicas. Su toreo tenía sabor campero, técnica impecable. Basaba toda la lidia en su obsesión por el temple y la suavidad. Quizá le influyó una lesión en el brazo para que predominara, en su estilo, la trayectoria circular. Brilló especialmente en la verónica, cargando la suerte; la media belmontina; los naturales y derechazos, dando el pecho; sus peculiares molinetes y afarolados, muy lentos. Por la suavidad de sus trasteos, la crítica lo vio como el enfermero ideal de los toros justos de fuerzas (que, por desgracia, no eran pocos, en su tiempo). A comienzos de los sesenta, alternó mucho con Diego Puerta y Paco Camino: un cartel inolvidable, con tres grandes matadores de cualidades muy diferentes y complementarias. Fue un ídolo de Las Ventas, donde llegaron a pedirle un rabo, en 1966. También logró entrar plenamente en La Maestranza, a pesar de que su estilo, tan sobrio, no era, en principio, el preferido por la afición sevillana. La Junta de Castilla y León le distinguió con su Premio de las Artes en 2010. Santiago es hombre reflexivo, de hondo pensamiento y pocas palabras. Lo ilustra una anécdota. En Alicante, en un coloquio, alguien aventuró que un torero puede llegar a amar a un toro como un varón ama a una mujer. Con laconismo sentencioso, se limitó a contestar: «Más». Sus opiniones sobre el toreo van unidas a sus reflexiones sobre la vida: Mi padre, buen aficionado, me transmitió la pasión de las cosas de la vida, porque no se puede torear sin poner pasión. El toreo es como un abrazo a lo que estás haciendo y tienes que expresarte a través de él en esa unión. Cuando se torea con sentimiento, se transmite también al público… No existe una forma de torear ortodoxa y única. Cada uno torea como lo siente y, en esa línea, intenta ejecutarlo lo mejor posible. Casi toda su carrera la dirigió un apoderado independiente, Florentino Díaz (solo en su última reaparición lo llevó Balañá). Ha sido responsable de la ganadería de Garzón, su pariente. Como enamorado de su arte, le han dolido especialmente los últimos ataques a la fiesta y lo ha dicho con rotunda claridad. Jugando con las iniciales de su nombre y apellido, le apodaron Su Majestad. Queda en la historia como hombre serio y diestro clásico.

Curro Romero

A unos pocos metros de la Puerta del Príncipe, los turistas se retratan ante el monumento a Curro Romero, en un solemne desplante, típico suyo. Es uno más de los mitos o sueños de Sevilla. Unas pocas fechas y datos. Toreó por primera vez en Utrera, en 1954. Se presentó en Madrid en 1957; esa temporada, toreó cinco tardes en Sevilla. Ha estado en los ruedos cuarenta y dos años, actuó en cerca de 900 corridas. Ha abierto cuatro veces la Puerta del Príncipe y siete, la Puerta Grande de Madrid. Se despidió en un festival, en La Algaba, el 22 de octubre de 2000. En lo personal, en 1962 se casó con Concha Márquez Piquer. En 2003, por lo civil, con Carmen Tello (en 2023, han contraído matrimonio religioso). Ha superado una enfermedad en la laringe. Lo he visto hace poco en Sevilla: se conserva bien, recibe con su habitual discreción el fervor de sus adoradores. Pocos toreros, en toda la historia, han alternado tanto los triunfos y los fracasos, han suscitado tantas polémicas. A lo largo de su dilatada carrera, algunos espectadores le han lanzado orinales y papel higiénico; uno se tiró al ruedo, en Las Ventas, para agredirlo. Y también ha triunfado reiteradamente en la Maestranza y en Las Ventas, sus dos plazas. Lo explica así Cossío: «Pertenece a una especie de toreros artistas, por la gracia de Dios. Nunca supo, o quiso, taparse con los toros que no fueron de su agrado y de ahí los rotundos fracasos que debemos anotar en su debe. Pero en ocasiones, escasas, si se quiere, supo destapar su tarro de las más clásicas esencias». Es el ejemplo máximo, en nuestro tiempo, del toreo de arte, imprevisible y genial, al que los públicos esperan con paciencia. Le bastaba con unas verónicas, en el quite del perdón, para poner a la gente de pie, en los tendidos. Así lo descubrió Cañabate: «Vino a la Feria de Sevilla y el duende le acompañó, embrujado, en la muleta. Y no fue Curro Romero, fue el duende el que toreó». Muy pocos diestros han suscitado tales fervores. Sus seguidores son fieles de una verdadera religión, el currismo. Demuestra su trascendencia social el hecho de que ha llegado a ser definido en una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía: «El currismo es un sentimiento que es indudable y notoriamente altruista a favor del diestro, arraigado y profundo como el que más, creador de una ilusión permanente, de una esperanza incondicional y de una forma de entender la vida». Es el único caso que yo conozco de que la prosa judicial, tan precisa, intente definir un sentimiento taurino… Camarón de la Isla, buen amigo de Curro Romero, sintetizó su arte: «La esencia de los toreros». Utilizó esto como subtítulo, en su libro sobre Curro, Antonio Burgos, uno de sus máximos partidarios. Lo pone como ejemplo de superación y síntesis de «las dos orillas» que, según él, tiene el toreo sevillano: «Esa suprema contradicción entre Triana y Sevilla, entre lo apolíneo y lo dionisíaco del toreo, tiene su clave en Curro Romero… Siendo el torero de Sevilla, jamás ha toreado con los pies juntos y las manos altas, apolíneo, sino que su hondura ha venido siempre del desgarro dionisíaco trianero». Así ha sido siempre Curro, no ha engañado a nadie: un diestro de fuerte personalidad, que toreaba con suavidad y plástica especial cuando estaba a gusto con un toro. El público lo esperaba y sus partidarios se encandilaban con su estilo único: su forma de hacer el paseíllo; los andares; las solemnes verónicas; los derechazos suaves; los apuntes de quiquiriquí; un desplante, cimbreándose sobre los talones… Todo ello, por supuesto, con la repajolera gracia de su tierra. Ha sido un capricho, un sueño de Sevilla. Y de ese Madrid al que le encanta sentirse sevillano.

Miguel Báez Litri

Un torero valiente y una excelente persona. Fue una de las grandes figuras del toreo en los años cincuenta. Aunque había nacido en Gandía y los valencianos le consideraban su paisano, procedía de una familia de valientes toreros de Huelva, marcada por varias tragedias. Este Litri era nieto, hijo y hermanastro de toreros. Y padre de torero, Miguel Báez Espínola, otro Litri, de estilo semejante, que alternó de novillero con Rafi Camino, hijo de Paco, y luego obtuvo grandes éxitos como matador, siguiendo el estilo de su padre. En 1949, la pareja formada por los novilleros Julio Aparicio y Litri obtuvo éxitos arrolladores y fue el centro de los carteles en muchas Ferias. Resultaba atractivo su contraste de estilos: Julio era técnico, dominador; Miguel, el prototipo del valor más puro, natural y auténtico que cabe imaginar. Los dos tomaron juntos la alternativa en Valencia, de manos de Cagancho, el 12 de octubre de 1950. Corrochano realizó el sorteo para determinar quién iba a adquirir primacía en la antigüedad. Aunque el estilo de Litri se puede calificar de tremendista, se rindieron a él los públicos más exigentes, incluidos los de Sevilla y Madrid. Por ejemplo, cortó cuatro orejas en la Corrida de Beneficencia de 1951. Recuerdo bien, en Las Ventas, la emoción enorme del litrazo: citaba al toro desde el otro extremo de la plaza, con la muleta escondida detrás del cuerpo, y solo la sacaba en el momento justo en que llegaba a su jurisdicción. Luego, encadenaba manoletinas de rodillas, muletazos mirando al tendido. Las certeras estocadas provocaban el estallido de pasión y el corte de trofeos. Después de varios descansos y reapariciones, volvió a los ruedos por última vez el 26 de septiembre de 1987, en Nimes, para dar la alternativa a su hijo Miguel, la tarde en que Paco Camino hacía lo mismo con su hijo Rafael. Protagonizó la película El Litri y su sombra (1959), dirigida por Rafael Gil. Ya retirado, lo traté yo en las Ferias de Valencia, a las que le gustaba acudir. Pocas figuras del toreo he conocido de tan extremada sencillez: nos gastaba bromas sobre lo elegante que le hacía vestir su mujer… No le gustaba la vida social; prefería reunirse con sus amigos y prepararles una buena paella (de esa habilidad suya sí que presumía). En su barrio, en Huelva, solían disparar un cohete para dar noticia de cada oreja que cortaba y una traca por cada rabo. Gerardo Diego lo evoca con cariño en un poema. La «pirotecnia» del Litri, su toreo explosivo, cautivaron a todos los públicos. Queda en la historia como uno de los máximos exponentes del más auténtico valor: una de las grandes verdades del toreo.