martes, 25 de agosto de 2026

El encaste Domecq

 Artículo de Lanza Digital de 28 de enero de 2010, por Julio César Sánchez.

Dentro del mundo del toro de lidia también hay “modas”, y el momento actual no cabe duda que está claramente marcado por la casi omnipresente marca “Domecq”, igual que en otros tiempos fueron otras procedencias las que contaron con la preferencia de los toreros o públicos.

Dentro del mundo del toro de lidia también hay “modas”, y el momento actual no cabe duda que está claramente marcado por la casi omnipresente marca “Domecq”, igual que en otros tiempos fueron otras procedencias las que contaron con la preferencia de los toreros o públicos.
Según refleja una estadística publicada recientemente en un semanario taurino (6toros6), casi el 65 de los toros lidiados en España y Francia en la pasada temporada 2009 pertenecieron a vacadas de origen Domecq, es decir, casi dos de cada tres toros. Son muchos, sin duda. Quizás demasiados. Sin embargo, cometeríamos un error si creyéramos que todo lo que tiene raíz en la sangre “domecq” es lo mismo. De hecho, uno de lo que ha puesto en tal situación de privilegio a las ganaderías de esta procedencia es su marcada maleabilidad; es decir, la facilidad que supone para el ganadero imprimir unas características u otras a la vacada en cuestión con animales de este encaste. Ahí están los casos, por ejemplo, de El Ventorrillo, de origen puro Juan Pedro Domecq, que se creó en el cercano año 92 y que ya posee características, tanto morfológicas como de comportamiento, notablemente diferentes a las de su ganadería matriz. O, por citar un segundo ejemplo, los toros de Fuente Ymbro, de origen Jandilla, y que es considerado casi un hierro torista.
Lo que queda relativamente claro es que se trata de una procedencia a la que se puede dotar de una muy considerable proporción de caracteres tanto en cuanto a hechuras –conformación física- como temperamentales. Algo así como la posibilidad de crear un toro casi “a gusto del consumidor”.
Y lo que el consumidor reclama en la actualidad es un toro con serio pero con movilidad, y que permita un toreo basado en gran parte en la belleza plástica que emane de la conjunción entre la embestida del toro y la compostura del torero, sin olvidar que se debe dominar esa embestida, y no sólo componer la figura a la hora de encauzar esa acometividad del toro.
Somos conscientes de que el encaste Domecq no es plato de gusto para algunos de los aficionados que se sientan en los tendidos de una plaza de toros. Y en verdad sería mucho más saludable que la procedencia de los toros lidiados cada año fuera más variada, ya que con la actual tendencia se corre el riesgo de dejar el círculo casi cerrado, con lo que la marcha atrás luego se haría mucho más difícil. En cualquier caso, de momento, las cosas son como son, y en esta primera entrega de la serie Encastes del Toro de Lidia, nos toca profundizar en el encaste Domecq. Y allá vamos.

Orígenes
Los orígenes de la ganadería de Juan Pedro Domecq guardan una estrecha relación con la provincia de Ciudad Real en sus orígenes, ya que los toros de la ganadería del Duque de Veragua que adquirió el vinatero andaluz pastaban dentro de los límites de la provincia manchega, concretamente en la finca El Molinillo, en la linde con Toledo, cerca del pantano de la Torre de Abraham. De hecho todavía existe en su orilla la Casa Veragua. Y contaban los lugareños que los hombres de campo que poblaban los campos ciudarrealeños en aquella época quedaron encantados con el dulce vino fino que traían consigo los compradores andaluces, acostumbrados como estaban aquéllos casi en exclusiva al vino de pitarra con el que solían regar sus gargantas.
Fue en 1930 cuando los toros veragüeños se trasladaron a tierras andaluzas por la compra que Domecq hizo a Manuel Martín Alonso, predecesor de la familia Lozano actual (ganaderos, empresarios y apoderados), y en 1937 cuando Juan Pedro Domecq adquirió varios lotes a Ramón Mora Figueroa (Tamarón) y Conde de la Corte, deshaciéndose con posterioridad paulatinamente de los ejemplares de origen vazqueño.
La familia Domecq ha mantenido una política comercial extensiva, que durante el pasado siglo les llevó a vender en numerosísimas ocasiones vacas y sementales de su ganadería a otros criadores para la creación de nuevas vacadas de lidia, lo que ha devenido en que en la actualidad sea la línea ganadera más numerosa. Además, se da la curiosa circunstancia antes apuntada de que muchas de las “filiales” de Juan Pedro Domecq existentes en la actualidad ofrecen un juego mucho más lucido que los ejemplares de la casa madre, la cual no atraviesa por su mejor momento. A pesar de ello, en el 2009, la ganadería marcada con el hierro de Veragua fue la que más toros lidió, con un total de 186.
Por poner ejemplos, citamos algunas de las ganaderías más relevantes de la actualidad que tienen procedencia Domecq, tomada por compra directa a la casa madre o a algunas de las ganaderías formadas a partir de la vacada sevillana por una vía u otra: El Ventorrillo, Victoriano del Río, Zalduendo, Jandilla, Salvador Domecq, Santiago Domecq, Daniel Ruiz, El Torreón, Garcigrande-Domingo Hernández, Las Ramblas, Guadalmena, Román Sorando, Luis Algarra, Barral, Fuente Ymbro, Marqués de Domecq, Los Guateles, hermanos Sampedro, Torrealta o La Palmosilla.

Ahora nos vamos a centrar en el prototipo morfológico de este animal, al igual que en su comportamiento en el ruedo, si bien nos gustaría dejar claro que lo que a continuación se cita está sujeto a variaciones y excepciones, puesto que, por suerte o por desgracia, la cría y lidia del toro bravo dista mucho de la exactitud de las matemáticas.

En esta segunda entrega dedicada al encaste Domecq nos vamos a centrar en el prototipo morfológico de este animal, al igual que en su comportamiento en el ruedo, si bien nos gustaría dejar claro que lo que a continuación se cita está sujeto a variaciones y excepciones, puesto que, por suerte o por desgracia, la cría y lidia del toro bravo dista mucho de la exactitud de las matemáticas.
El toro de Parladé, tronco del que originariamente procedía lo de Juan Pedro Domecq, era menos fino y armónico que el toro que el ganadero andaluz buscaba, por ello la selección que hizo en su ganadería fue dirigida a crear un tipo de toro con unas hechuras que le permitieran embestir conforme a lo que el toreo del tiempo exigía. Quizás se trató del primer ganadero que se preocupó por la morfología del toro de lidia, de hacerla funcional, es decir, ponerla al servicio de la función para la que está destinada una res brava, es decir, perseguir capotes y muletas por abajo. Según señala Adolfo Rodríguez Montesinos en “Prototipos raciales del vacuno de lidia”, el libro otras veces citado en esta serie de reportajes, Juan Pedro Domecq y Díez “pronto comprobó que los toros bajos de agujas y con el cuello largo embestían mejor y con más frecuencia que los altos y de cuello corto, con lo que se hacía conveniente hacerlos cuesta abajo. Como resultado hoy día podemos comprobar cómo los toros de Domecq son los ejemplares más bonitos y finos de cuantos derivan de la raíz Parladé.”
La cabeza es fina y su mirada apacible. Las encornaduras aparecen bien dispuestas, alcanzando un desarrollo medio, predominando los ejemplares bien armados, si bien por medio de la selección de ejemplares cornalones, algunas vacadas han conseguido aumentar la arboladura de sus toros, como por ejemplo ha ocurrido parcialmente con la ganadería de El Ventorrillo, la cual lidia la mayoría de sus reses en plazas de primera y, en menor medida, de segunda categoría.
Las pintas características son las negras, coloradas en toda su variedad cromática, castañas, jaboneras, ensabanadas, etc. En la línea de Osborne, una rama en la que hay un mayor predominio de la sangre vazqueña, no son raros los pelajes ensabanados. Otra de sus variantes, la de la línea del Marqués de Domecq, los ejemplares tienen un mayor desarrollo de las encornaduras y unas hechuras menos finas que las de Juan Pedro. Esta línea se fraguó de manera paralela a la de Juan Pedro. De hecho fue la segunda ganadería de que dispuso la familia Mora Figueroa, pero utilizando en esta ocasión una base del encaste Pedrajas (también derivado de Parladé) y sementales de Conde de la Corte. En la actualidad las diferencias entre Marqués y Juan Pedro han disminuido.
Según sigue citando Rodríguez Montesinos, la diversificación tan grande que se ha producido en el encaste de Domecq está dando lugar a la aparición de algunas diferencias morfológicas más o menos acusadas, que ya se consideran como líneas diferentes y que en un futuro no muy lejano pueden dar lugar a la aparición de nuevos encastes, todos ellos derivados de Domecq, pero cada uno con sus propias características.
Dentro de las ganaderías más destacadas de este encaste y que han marcado algunas diferencias morfológicas, los ejemplares son más bastos de tipo y de mayor desarrollo óseo en las líneas de Jandilla, Salvador Domecq y Luis Algarra; mientras que son más finos de tipo en la del actual Juan Pedro Domecq, y más bajos de agujas y cortos de manos en la de Zalduendo.

Comportamiento
La proliferación de las vacadas de esta procedencia es debida, en parte, a la regularidad que exhiben en su comportamiento y al menor grado de dificultad que su lidia plantea a sus lidiadores. Habiendo pasado el toro a un lugar secundario para la mayoría de los que acuden a una plaza de toros (público), el entendido (aficionado) se encuentra en franca minoría, y sus exigencias pasan a un segundo plano.
Los toreros actuales demandan un toro noble, con calidad, y que no les cause problemas si sale malo. Muchas de las ganaderías de Domecq ofrecen estas características, pero no deja de ser cierto que otras del mismo origen han dado –o están en ello- un giro en tanto en cuanto se han dado cuenta de que hoy día el público, y por descontado el aficionado, disfrutan con un toro con chispa y temperamento enclasado. Y ese es el toro que, con mayor o menor éxito, buscan en la actualidad. Se trata de huir del “toro de las pipas”, es decir, del toro que no genere emoción.
Estos toros suelen cumplir en el tercio de varas, y despliegan su calidad en el tercio de muleta, que, no nos engañemos, es el que en la actualidad otorga las orejas. En el último tercio los “domecqs” suelen ofrecer nobleza, fijeza, ritmo y rectitud en la arrancada, unos con más chispa y otros con menos. El comportamiento ayuno de emoción se ha generalizado en los últimos años según se ha incrementado el número de vacadas de este origen, merced a la adquisición de reproductores de mediocre valor genético anteriormente desechados por los ganaderos originales, degenerando en algunos casos las cualidades primitivas del encaste.

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