miércoles, 6 de septiembre de 2017

Jerezano y sus apoderados

“Los aficionados deben conocer mi relación con los apoderados, en especial con Antonio Ordóñez”


No había toreado con caballos todavía cuando alguien por primera vez se fija en Luis Parra como en un intento de relación cuasi profesional, y fue Ordóñez. Había un tentadero con veinte o treinta vacas utreras que Antonio había comprado a Atanasio Fernández y las probó en lo de Carlos Núñez. Estaban ese día cerca de treinta aficionados esperando; gritan “¡el siguiente aficionado!” y le toca. Esa vaca la había tentado Juan Jiménez El Trianero, un matador que no llegó a torear mucho pero era buen torero y mejor persona. La vaca estaba muy enrazada y tenía mucho motor; la citó de largo y le dio cuatro pases por alto y luego por la izquierda empieza a embestir y a embestir y le forma un lío. El tentadero terminó como si no hubiera pasado nada, pero para algunos sí había pasado. Luis y su amigo inseparable Garbanzo caminan de vuelta y, como empieza a llover, se quitan las alpargatas para que no se estropeen; prefieren ir descalzos. Los adelanta un coche de cuadrilla y se para a los cien metros. Garbanzo, es el maestro; corre, vamos a acercarnos. ¿Dónde vais? Vivimos en Jerez. Subid. Al llegar a la Barca de Vejer paran y Ordóñez dice a Garbanzo que se bajara allí y le avisara a los padres de Luis porque se iba con ellos, que al día siguiente había un tentadero. Se fueron a Valcargado. Al llegar, como en un cuarto de plancha había muchos capotes y muletas, se ofreció a coser los que estaban rotos. En la cocina le dieron un bocadillo y durmió en la gañanía, sobre un saco de paja. Por la mañana temprano el mayoral le ofrece un café y le encargan que lleve unos capotes y unas muletas, con palillos y ayudas, al coche. Vamos a lo de Rocío de la Cámara. Allí, después de tentar un macho, el tentadero se suspende por un problema de no sé qué. Vuelven a cargar los líos en el coche y, cuando Ordóñez enciende el motor del coche, le dice adiós muchacho y se fue. Se quedó allí quieto y solo, preguntándose ¿qué he hecho yo, Dios mío, para que este hombre me haga esto?



¿Eso ya está grabando? Sí, maestro, usted siga a su forma, que yo lo escribiré a la mía.

El primero y mejor apoderado que tuvo fue Paco Ortega, primo hermano y mozo de espadas de Rafael Ortega. Era muy listo y muy buen aficionado, mira si era aficionado que se hizo cargo de cuatro muchachos y a los cuatro hizo toreros. Cogió primero a Luis, luego a Paquirri, a Riverita y finalmente a Ruiz Miguel. Aparte de aficionado, creía mucho en los toreros a los que representaba y eso es una de las bases que debe tener un apoderado.

En Jerez hubo una novillada, en la que el ganado no fue ni bueno ni malo y Luis no estuvo ni bien ni mal. Al día siguiente, pensando en que dentro de veinte días iba a haber una novillada en La Línea, Paco lo lleva a casa de Belmonte y, tras los saludos y prolegómenos, le preguntó qué le pareció Luis en la novillada. Bueno, la novillada no fue muy allá, pero Luis estuvo regular. Paco reaccionó preguntando Pepe ¿estabas en la novillada? Hombre ¿no te estoy diciendo? claro que estuve. Es que creo que no la has visto; tú has estado pero no lo has visto. No sabes los problemas que surgieron allí. Luis salió demasiado airoso del trance, por lo que creo que no te fijaste bien en cómo estuvo. Bueno, lo vi a mi forma, pero no he dicho que estuviera mal. La próxima vez fíjate en todos los detalles. Bueno, ¿qué, lo vas a poner en La Línea? El cartel no está rematado. Mira, como dentro de cuatro días torea en El Puerto una de García Barroso, hablamos después de lo de El Puerto. Total, va a El Puerto y corta cuatro orejas y un rabo. Apenas habían llegado al hotel estaba Pepe llamando. Mira, que me acabo de enterar; enhorabuena. ¿No te lo dije, aunque tú eres profesional? A los toros hay que ir a ver los toreros y ponerle atención. Bueno, vamos a dejar eso; que te digo, Paco, que está puesto en La Línea ¿de acuerdo? En La Línea soltaron una de Bohórquez que era, más bien, una corrida; entonces no había guarismos. Los novillos salieron fuertes; a Rafaeli le dieron las del tigre y a Pacheco de San Roque lo volvieron loco. Él tuvo suerte y cortó otra vez cuatro orejas y un rabo; aquello fue su definitivo lanzamiento.

Paco creía tanto en él que llegaba a los sitios y lo transmitía, aunque luego, claro, había que reflejarlo en la plaza. El apoderado no debe guiarse sólo por el interés económico ni llevar a seis toreros; los apoderados tienen que serlo de un solo torero.

Había firmado con Ortega un contrato por tres años y llevaba ya dos años cuando, un día del año 62, se presentan en su casa Manolo Vázquez y Antonio Ordóñez. Era su segundo año con caballos, ya se había presentado en Madrid y había triunfado en Sevilla. Manolo le dice que Ordóñez ese año no va a torear y le gustaría estar con él y llevarle las cosas ¿Qué te parece? Interviene Antonio: ¿Cuánto tiempo te queda con Paco Ortega? Me comprometí por tres años y llevamos dos, así que me queda un año. Habla con él y mañana a las cuatro de la tarde nos vemos en el Banco de Vizcaya. Llama a Ortega y le da la novedad, comentándole que va a ser bueno para los dos. A mí no me parece bien, Luis; para mí no va a ser bueno y para ti, lo dudo. Pero si Ordóñez es quien manda en esto… No te hace falta Ordóñez; has pasado por dos exámenes, en Sevilla y en Madrid, y en los dos has salido airoso.



Al día siguiente se encuentran en el Banco de Vizcaya. Ordóñez habla. Paco, te queda un año con Luis; si no te importa me gustaría hacerme cargo de él. Sí que me importa, porque Luis es lo único que tengo ahora mismo, no tengo otro negocio. Antonio se echó para adelante. Si hay que dejar esto se deja (era como decir que si no lo hacemos te puedes ir preparando). Paco, consciente, se allanó. No, no hay problema; si hay que hacerlo se hace. ¿Qué hay que darte a ti para que éste se venga conmigo? Hombre, vamos a ponerle quinientas mil pesetas. Con ese dinero en aquella época se compraban cuatro pisos. Es mucho dinero, le quitarás algo. Hay por ahí algo de publicidad y algunas cosillas; si quieres, le quitamos diez o quince mil pesetas. Rellena y firma el talón por las cuatrocientas ochenta y cinco mil pesetas y, mirando a Luis, le pregunta ¿se lo doy? ¡Hombre, maestro, claro! Te advierto que esto lo vas a tener que pagar tú. Le da el talón a Paco.

Así Ordóñez se hizo cargo. Toreó cincuenta novilladas en el año 63, estando presente en todas las ferias de España; Zurito, El Pireo y Jerezano era el cartel repetido en todos los sitios. La alternativa se toma en Jerez. Acabada la temporada, firmaron treinta y siete corridas de toros para el año 64, con la idea de no llegar a las treinta y ocho, que significaba pasar al grupo especial, lo que implicaba muchísimos gastos.



El año anterior había conocido a la que hoy es su mujer y decidió casarse, pero no le dijo nada a nadie, ni siquiera a Antonio. Cuando éste se enteró, Pepe Ordóñez se presentó con una carta de su hermano, comunicando que la relación se había terminado. La respuesta fue que tu hermano vino a buscarme cuando no lo necesitaba y ahora lo necesito menos. Esa frase resultaría un puntillazo, sin darse cuenta.

Aquello iba a ser un nadar contra corriente. A un banderillero, el sevillano Juan Montaño, lo echó y hubo que pagarle cerca de veinte mil duros, más de ochenta novilladas. Estaba Luis acostumbrado a tomar responsabilidades pero lo que venía era una tormenta. Se quedó fuera de plazas en que era impensable se quedara fuera: La Línea (donde había ganado el trofeo Joselito y Manolete), Vitoria (donde había ganado el trofeo de la Virgen Blanca), Bilbao (donde había cuajado uno de los mejores toros cuajados en Bilbao), Bayona (donde en dos corridas había cortado siete orejas y un rabo).

Ordóñez toreaba en Badajoz y Luis decide ir allí a hablar con él. Las cosas las tengo mal, a ver si se arreglan. Bueno, ya veremos. Al año siguiente en Sevilla, en la feria, el rondeño toreó una corrida de Urquijo estando muy bien y fue al hotel a saludarlo. Se estaba cambiando y se hallaba presente Canorea. ¿Te parece bien que ponga a Luis en Ciudad Real? Lo mira y le dijo tú sabrás lo que haces, delante del propio Luis. Si eso decía en su cara qué no diría a su espalda. Todo aquello era como una losa; hizo esfuerzos pero no había forma de poder. Ahora sólo había catorce corridas, quince corridas y poco más.



Todo eso fue porque a su boda no lo invitó; no hubo otras causas. Era su vida particular, no su vida profesional, que es lo que él dirigía. No iba a preguntarle opinión a él sobre si se podía casar o no. Se casó con quien quiso y cuando quiso, porque, además, no había ninguna urgencia.

Aquel apoderamiento fue nefasto. En lo artístico le dio categoría, desde luego, porque hay una diferencia entre que te lleve Paco Ortega y que te lleve la máxima figura del toreo; le dio responsabilidad, pero Luis estaba acostumbrado a afrontar responsabilidades. En lo económico le afectó mucho, porque tuvo que pagar un dinero que además fue un capricho del otro. Cuando le entregó el talón le dijo que lo tenía que pagar; eso se dice antes pero no cuando está todo rematado. Estuvo todo el año toreando para pagar aquello.

El apoderamiento de Ordóñez duró dos años, el 63 y el 64. Hubo mucho contraste entre la convivencia durante el apoderamiento y el desenlace final. Estar temporadas con la familia en la casa, en el cortijo (donde jugueteaba con la niña Carmina), todo eso era cosa de Carmen, que era una gran mujer; le quería mucho, como si fuera su hijo. Mientras, él no le daba confianza ni le aconsejaba. Ordóñez fue un grandioso torero y no volverá a nacer otro mejor que él, pero personalmente y como apoderado no funcionaba, y se vio cuando luego llevó a otros toreros.

Un día, en Madrid, en vísperas de torear en Barcelona, recibe la invitación de Carmen para comer en casa del matrimonio. Estaban empezando la sopa de pescado y ella le anima. Luisillo, vamos a ver si tenemos mañana suerte en Barcelona. Él interrumpió, soltando y que no la tenga, que verá. Fue un mazazo. Le dolió tanto, y más estando la señora al lado, que casi se le saltaron las lágrimas. Por respeto a la señora se calló, no se levantó de la mesa y se marchó. ¿Qué pasó en Barcelona? le tocaron en un toro dos avisos (los dos únicos avisos de su vida) y le dio todo igual; le importaba un comino tirar todo por la borda, estaba loco por que aquello terminara. Cuando llegó al hotel estaba allí Fermín Bohórquez y entró en la habitación; le puso la mano en el hombro y le dijo mañana verás cómo en Valencia vamos a estar bien.



Cuando le llegó Pepe con la carta, diciendo que se había terminado la relación, pensaba que le había tocado la lotería, pero, claro, no sabía lo que le venía luego. Se quedó fuera de San Isidro. Tres o cuatro años después pasó lo de Madrid, con las dos orejas al victorino, y sin embargo no tuvo la repercusión que se podía esperar. Tuvo que ir a Vistalegre y torear cuatro tardes más en Madrid pero fuera de San Isidro. Las personas tienen un límite y llega el momento en que se tira la toalla.

Vamos a recopilar. Se me ocurre plantearle dos cuestiones. La primera, maestro, es si la razón por la que Ordóñez viene a su casa es que ya adivina que usted va para primera figura. No creo que fuera eso; pienso que la razón fue otra. Empecé a torear con caballos y me presenté en Madrid cortando una oreja a una novillada de él; después toreé una de Galache, donde no los maté y perdí la puerta grande. En una feria toreé dos novilladas; corté tres orejas en la primera y en la segunda estaba allí y le brindo, a lo que me contesta: muchacho, toréalo más despacito, que va con la cara arriba. Al final de la novillada Paco Ortega me comunica que Ordóñez le acaba de decir que Flores Camará está detrás de nosotros (como aconsejando que tenga cuidado Paco). Es decir, Ordóñez se entera y decide que antes de que me coja Camará me coge él, duelo entre mandamases.

La segunda cuestión es si sería que él quería quitarse de en medio a un serio competidor, controlándolo. No, él no podía temer mi competencia. Competí con todos, con Viti, Camino… Pero referente a él, yo pensaba que era mejor que yo. Una vez en Valcargado vi que el mayoral traía un toro hacia la plaza y me explica que el maestro ha mandado encerrarlo. Fuimos allá y nada más salir el toro se pone ese tío a pegarle pases y le forma una pelotera. Se viene al burladero y me tira la muleta a la cara. Ahora a ver si eres capaz de estar mejor que yo. El toro en verdad no era bueno ya y él había estado por encima. Cogí la muleta y me dije que era mejor que yo pero mientras tuviera una gota de sangre de allí no me movía. El toro me cogió dos veces y seguía aunque con la segunda no podía respirar. La señora, viendo que me iba a dejar matar sin moverme de allí, gritó: Luisillo, ¿qué pasa, que te vas a enfadar con el maestro? Deja el toro. Anda, Sebastián, dale puerta al toro.

Termina de perfilar aquella relación. Estábamos ese mismo invierno en lo de Aparicio tentando. Las vacas no salieron buenas. Luego, mientras se entretienen tomando en la casa una copa, me dice Antonio que Aparicio le ha comentado que no le he gustado. Mi respuesta: es problema suyo. A los pocos días llegó el festival del Obispo en Málaga y toreé con los dos. A mi primero le corté las dos orejas y al empezar la vuelta me quedé un momento parado mirando a Aparicio con las orejas en alto. El segundo me pegó doce volteretas; si lo mato le corto el rabo. Eso es lo que puedo contar.



Aparece al poco José María Recondo, navarro que se dedicaba a montar plazas portátiles. Se empeñó en apoderarlo y lo llevó dos veces a Pamplona el mismo año, en San Fermín y después de San Fermín. Torearía unas quince corridas. Fueron a Ejea de los Caballeros y cuando Garbanzo va a cobrar le dicen que no había suficiente dinero y faltaban doscientas pesetas. Luis llamó por teléfono a José María para preguntarle. No te preocupes, que eso lo pongo yo. No, no vas a poner nada, porque a partir de ahora ya no me apoderas. No me ha faltado dinero nunca, ni cuando era becerrista ¿me va a faltar ahora, de matador?

Después entró en escena Curro Chaves, que era un picador de Sevilla. Apoderaba a Oliva, a Palmeño y a Antonio Ignacio Vargas. Vas a torear en San Roque. ¿Qué dinero? Te van a dar cincuenta mil pesetas. Por menos de cien mil no toreo. Sólo quería sumar corridas. Hubo que cortar.

Luego le apoderó Manuel del Pozo Rayito, uno que fue matador de toros de la época de Manolete. El apoderamiento empezó en Méjico. Al año siguiente, el día del victorino él se fue a Nimes con Lomelín. No le gustó que le dejara solo en Madrid. Aquello también se cortó.

Finalmente le apoderaron Canorea y Barrilaro, que estaban peleados con la empresa de Madrid. No llegó al año. Les dijo que tenía que cobrar treinta mil duros por corrida. Siempre se quedaba dinero atrás; le debían de atrasos setecientas mil pesetas. Un día en El Puerto le encargó al mozo de espadas que fuera a pedirlo. Dicen que no pueden dar ese dinero ahora. O te lo dan o voy yo. Canorea le dice por la noche, en el hotel, que se podría haber dado de otra forma; remata si te pongo alguna vez será porque me hace mucha falta. La contestación vino directa. A mí no me hace falta.

Llamó personalmente a don Livinio y le comunicó que había terminado con estos señores. Ah ¿sí?, pues el domingo que viene estás puesto en Madrid. Con don Livinio su relación era directa y personal, porque le quería mucho. Después de dejar a Canorea y Barrilaro a mitad de temporada toreó por su cuenta cinco corridas en Madrid el mismo año.



Con Balaña tuvo que aguantar que le dejara dos años sin torear en sus plazas, Jerez, Barcelona, Palma y otras. Tuvo en julio una corrida en Jerez con seis toros de José Domecq de la Riva; salió malísima y cortó tres orejas. A partir de ahí vinieron esos dos años, y un día en Sevilla le dijo todo lo que pensaba. Luego le atendió, porque le dijo que era padre de familia y le puso en Barcelona; fue con una corrida de Camaligera, más mala…, que no se pudo ni picar y con el público montado en escándalo. Por la noche fue a la oficina a hablar con el empresario pero no estaba. Al llegar a Jerez su mujer le dijo que había llamado don Pedro. Lo llama y le dice que en esa corrida ni El Espartero hubiera estado con más dignidad. Le contestó que lo comprendía y que en compensación le iba a poner al domingo siguiente en Palma con una corrida de lujo, junto a Limeño y Palomo; allí le salió un ganado que era más propio de una novillada sin caballos. Luego ya quedaba la corrida en Jerez, el año 1978, la del cartel con Manzanares y Galloso, en la que le puso con ganado de Juan Pedro. Ese día no estuvo bien y ahí fue la retirada.

Bastantes años después, Luis Parra apoderó a Slvador Barberán, novillero de Algeciras. Fue a lo de Aparicio y se lo presentó. Le puso la mano en el hombro y le dijo: Hazle caso de lo que te diga porque aparte de gran persona es un gran torero. Terminamos fijándonos en las dos cuestiones que le planteé. ¿Ordóñez le apoderó porque veía en él a la figura que le sucedería? Con humildad, piensa que no, que sólo fue por competir con Camará. ¿Lo defenestró porque temía su competencia? Con más humildad, reconoce que como Ordóñez no había nadie. Lo que digo es que voy a invertir la frase de Aparicio. Maestro, usted aparte de un gran torero es una gran persona.



















martes, 15 de agosto de 2017

El Juli: un rabo en El Puerto



El 13 de agosto de 2017 Julián Líoez El Juli cortó cinco orejas y un rabo ante toros de Santiago Domecq, en mano a mano con Morante de la Puebla.









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sábado, 12 de agosto de 2017

jueves, 13 de julio de 2017

Salvador Viniegra: La plegaria del torero

Salvador Viniegra nació en Cádiz el año 1862. Fue subdirector del Museo del Prado.



el cuadro "La plegaria del torero" es un óleo de 71x101 cms.




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martes, 4 de julio de 2017

Cien años del nacimiento de Manolete

Manuel Rodríguez "Manolete" nació en Córdoba el 4 de julio de 1917. Conmemoremos el centenario de su nacimiento visionando las escasas imágenes que se grabaron cuando la faena al toro "Ratón", de Pinto Barreiros, en la plaza de Las Ventas el 6 de julio de 1944. Esa faena es considerada como la mejor de toda la cerrera del Monstruo.

viernes, 30 de junio de 2017

Ángel Teruel, a los cincuenta años de su alternativa

El torero Ángel Teruel nació en Madrid el 20 de febrero de 1950. Tomó la alternativa en Burgos el 30 de junio de 1967.



Fue prototipo de torero elegante. Al cumplirse cincuenta años de su alternativa, estas imágenes nos descubren algo cómo era su toreo.

jueves, 15 de junio de 2017

San Isidro deja una huella económica de 73 millones

Hay un sector que ha crecido más del 10% en Madrid en el mes de mayo. Y no, no es el alquiler turístico. Son los toros. El impacto económico de San Isidro se ha disparado este año un 11%, gracias a la renovada pujanza turística de la feria y al aumento del gasto de los clientes nacionales. El ciclo taurino más importante del mundo, en el que Las Ventas acoge 32 festejos consecutivos, dejará este año una huella económica de 72,8 millones de euros, según un informe de la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (Anoet), que ha adelantado el diario EXPANSIÓN.La maratón isidril se traducirá en unas ventas de entradas muy superiores a las 600.000 unidades, incluso llegando a superar las 630.000, según las previsiones de la empresa gestora de Las Ventas, Plaza 1. El 66% de los clientes de la plaza son de la Comunidad de Madrid; el 30%, del resto de España; y el 4%, extranjeros que aprovechan su visita a la capital para acudir a una o varias corridas de toros. A éstos habría que sumarles los 80.000 visitantes del tour guiado por la plaza. No en vano, Las Ventas es el sexto monumento más visitado de Madrid y mayo es el segundo mes con mayor ocupación hotelera de la capital.La hostelería, en particular, y el turismo, en general, son los principales beneficiarios de la enorme huella crematística que deja San Isidro. 46,8 millones -dos tercios de lo que se genera- repercuten de forma indirecta e inducida en los sectores que abastecen la gran demanda de aficionados taurinos. La división es la siguiente: 24,5 millones, en restauración; 16,5, en alojamientos; tres en transportes y 0,5 en otros sectores de actividad. Los efectos directos -fundamentalmente, la taquilla y los derechos televisivos- ascienden 26 millones de euros.Hay que recordar que la tauromaquia tiene un impacto económico bruto anual de 414 millones en la Comunidad de Madrid y de más de 3.600 en toda España, según los datos de Anoet.Los 72,8 millones de San Isidro suponen un aumento del 15,5% con respecto a 63 millones de 2016, si bien el año pasado se celebró un festejo menos, lo cual ajusta el incremento al citado 11%. Además, hay que tener en cuenta que Plaza 1 paga un canon de 2,8 millones de euros por gestionar el coso (sí, es el sector taurino el que paga dinero a la Administración Pública por poder desarrollar su actividad cultural, y no al contrario). El 75% de esta cantidad tiene su razón de ser en San Isidro, por lo que la huella crematística global de la feria ascendería en realidad a 75 millones de euros.Varios factores explican la mejoría del Producto Interior Bravo de la feria de San Isidro. "En primer lugar, porque hay un mayor porcentaje de turistas, tanto foráneos como nacionales", explica la autora del informe, Mar Gutiérrez, secretaria general técnica de Anoet. "Los packs turísticos de Nautalia Viajes [gestora de la plaza, al 50% con Simon Casas Production] han ayudado, pero el incremento se debe, sobre todo, a que el turismo, en general, está subiendo", agrega. "Además, la mejoría de las expectativas macroeconómicas ha propiciado un aumento del gasto", tanto en los aficionados españoles como en los foráneos, explica Gutiérrez

sábado, 10 de junio de 2017

Pablo Picasso 9: Matador





"Matador" es un óleo sobre lienzo de 145,5 x 114 cm.
Pablo Picasso pintó este cuadro en 1970. Se conserva en el Musée Picasso, de París (Francia).


lunes, 22 de mayo de 2017

Joselito ¿por qué ...?



¿Quién te había de llorar
Joselito, en primavera?
¿Por qué fuiste a torear
y a morir en Talavera¿
¿Quién te había de llorar?

Cuatro blandones había
y cuatro banderilleros,
llorando en la enfermería
a la flor de los toreros.
¡Cuatro blandones había!

..........Sánchez Mazas

Gonzalo de Berceo: De los Milagros de Nuestra Señora

"Entró enna bodega un día por ventura,
bebió mucho del vino, esto fa sin mesura:
embeodóse el loco, issió de su cordura,
yogó hasta las viésperas sobre la tierra dura
........................................................
quísoli el diablo zancajada poner,
......................................................
En figura de toro qe es escalentado
cavando con los piedes el cejo demudado,
con fiera cornadura sannoso e irado,
paróseli delante el traïdor provado,

Faciéli gestos malos la cosa diablada,
qe li metrié los cuernos por media la corada;
prisa el omne bueno muy mala espantada,
mas valió-l Gloriosa Reina coronada.

Vino sancta María con ábito onrrado,
tal qe de omne vivo non serié apreciado;
metióselis en medio a él e al Pecado
el toro tan superbio fue luego amansado.

Miguel Hernández 5: Corrida real

Corrida real (silvas)

Cartel

Gabriel de las imprentas:
yedra cuadrangular de las esquinas,
cuelga, anuncia sonrisas presidentas,
situaciones taurinas.
Un sol de propaganda, el sol posible
nada más, asegura,
jura para tal día.
Y un toro de pintura,
el más viudo y varonil terrible
que halló el pintor en su ganadería,
a un sombrero amenaza,
del gozo espectador seña presunta,
con una doble punta
de cornadas que nunca desenlaza.

Plaza

Corro de arena: noria
de sangre horizontal y concurrencia
de anillos: sí, ¡victoria!
de la circunferencia.
Palcos: marzos lluviosos de mantones
nutridos de belleza deseada.
Acometividad de los tendidos:
por las curvas, si no por los silbidos,
humanos culebrones
ordenan su inquietud de grada en grada.
Sol y sombra en el ojo y el asiento:
avispas de momento.
A los toriles, toros,
al torero le exigen el portento
y caballos de más al as de oros.

Toro

Copiosa de azagayas,
provisión de furores,
urgentes tras los cuernos,
recomiendan clarines
a una arena sin playas,
era de resplandores
con parva de carmines
manejables y alternos.

Toro y caballos

Si las peinas elevan las mantillas,
si las mantillas damas,
si las damas elevan -¡banderillas!-
las masculinas bramas,
el negro toro, luto articulado
y tumba de la espada,
caballos sólo ciegos por el lado
por que habrán de morir, y picadores,
hacen casi celestes, si las varas
sus obstinados carmesís mayores.

Toro y banderillero

Pródigas en papeles, pero avaras
en longitud y acero,
la presencia corriente del arquero
citan, si su atención anteriormente,
verdes prolongaciones y amarillas.
Pero el banderillero,
gracia, sexo patente,
si lo busca de frente,
en primorosos lances
curvo, para evitar rectos percances,
de pronto lo rehúsa,
palco de banderillas,
que martrimonia en conjunción confusa.

Toro y peón

Huyendo de las cóleras mortales,
sin temor a lucir su mucho miedo,
tablas para el peligro pide al ruedo,
redondos salvavidas terrenales;
mientras el toro alza
la que su frente calza
aviesa media vuelta
más caliente, más pita y más esbelta.

Toro y torero

Profesando bravura sale y pisa
graciosidad su planta: verso 70
la luz por indumento, por sonrisa
la beldad fulminante que abrillanta.
Sol se ciega al mirarlo. Galeote
de su ciencia, su mano y su capote,
fluye el toro detrás de sus marfiles. verso 75
Concurren situaciones bellas miles
en un solo minuto
de valor, que induciendo está a peones
a la temeridad como tributo
de sus intervenciones. verso 80
Se arrodilla, implorante valentía,
y como al caracol, el cuerno toca
a éste, que en su existencia lo hundiría
como en su acordeón los caracoles.
La sorda guerra su actitud provoca verso 85
de la fotografía.
Puede ser sonreir, en ese instante
crítico, un devaneo;
un trágico desplante,
-¡ay, temeraria luz, no te atortoles!-, verso 90
hacer demostraciones de un deseo.
Heroicidad ya tanta,
música necesita:
y la pide la múltiple garganta,
y el juzgador balcón las facilita. verso 95
Muertes intenta el toro, el asta intenta
recoger lo que sobra de valiente
al macho en abundancia.
¡Ya! casi experimenta
heridas el lugar sobresaliente verso 100
de aquel sobresaliente de arrogancia.
¡Ya! va a hacerlo divino.
¡Ya! en el tambor de arena el drama bate...
Mas no: que por ser fiel a su destino,
el toro está queriendo que él lo mate. verso 105
Enterrador de acero,
sepulta en grana el arma de su gloria,
tan de una vez certero
que el toro, sin dudar en su agonía,
le da para señal de su victoria verso 110
el miembro que aventó moscas undía,
mientras su muerte arrastran cascabeles.
-¡Se ha realizado! el sol que prometía
el pintor, si la empresa, en los carteles.

(De "Primitivo silbo vulnerado")

Comentario del poema final

Versos 69-80. La hermosa figura del torero salta al ruedo, vestido con traje de luces ("la luz por indumento", verso 71); y su bella sonrisa despide tales destellos -junto a los que emite la indumentaria-, que su luminosidad es más intensa que la del sol, hasta el extremo de cegar a éste (verso 73, que incluye una hipérbole de clara factura gongorina; recuérdense los primeros versos del célebre soneto de Góngora en el que trata el tema del carpe diem: "Mientras por competir con tu cabello / oro bruñido al sol relumbra en vano;"). Al llamar "galeote" al torero (versos 73, 74: "Galeote / de su ciencia, su mano y su capote,"), Hernández emplea una bella imagen para significar que el torero ha de gobernar obligatoriamente el arte de la tauromaquia (téngase presente que el vocablo "galeote" significa "el que remaba forzado en las galeras"). El verso 75 ("fluye el toro detrás de sus marfiles.") contiene una sinécdoque, por medio de la cual se designa una cosa -los cuernos- con el nombre de la materia de que está formada -"marfiles"-, vocablo que, a su vez, ennoblece dicha materia, ya que los cuernos son de materia ósea). La silva concluye aludiendo a la belleza de los arriesgados lances de la lidia, en los que el torero da muestras de tal valentía que obliga a los peones a estar al quite, corriendo similares peligros que el diestro ante las acometidas del toro.

Versos 81-91. Arranca la segunda silva con una compleja combinación de metáforas: "Se arrodilla, implorante valentía, / y como el caracol, el cuerno toca / a éste, que a su existencia lo hundiría / como en su acordeón los caracoles." (versos 81-84); metáforas cuyo sentido podría ser el siguiente: puesto arriesgadamente de rodillas -"implorante valentía"-, el torero toca el cuerno del toro, cuerno que le recuerda el del caracol; el toro, por su parte, desea clavarle el cuerno al torero en lo más íntimo y profundo de su ser, tal y como hacen los caracoles cuando esconden en la concha los cuernos; concha imaginativamente vista por el poeta como una acordeón, gracias al parecido que existe entre los fuelles de este instrumento musical y las espirales de dicha concha. Los dos versos siguientes contienen un violento hiperbaton que altera el orden de los vocablos: "La sorda guerra su actitud provoca / de la fotografía." (versos 85-86); ya que el orden lógico de las palabras en la frase sería este: "Su actitud provoca la sorda guerra de la fotografía"; es decir: los fotógrafos se disputan -disputa encarnada en la metáfora "sorda guerra"- el honor de inmortalizar las mejores y más arriesgadas imágenes de la lucha entre toro y torero. La estrofa finaliza con la recomendación al torero por parte del poeta de que en los momentos de máximo riesgo, que es cuando más desea agradar al público dando muestras de mayor arrojo, no se acobarde ("-¡ay, temeraria luz, no te atortoles!-"; verso 90).

Versos 92-95. El contenido de estos versos es relativamente simple: el público solicita que suene la música para premiar la valiente faena que viene realizando el torero, y quien preside la corrida concede la corespondiente autorización. Pero para expresarlo, Henández recurre a una compleja combinación de metáforas y sinécdoques; y así, la expresión "múltiple garganta" es un curioso tropo que participa, a la vez, de la metáfora y de la sinécdoque: la alusión metafórica al público se ve reforzada con el empleo del singular -en vez del plural- para referirse al griterío de los espectadores que reclaman que suene la música. Y con una nueva sinécdoque -"balcón"- alude Hernández al presidente de la corrida: él es quien ha de autorizar que la música suene cuando lo pida la "múltiple garganta", es decir, las voces de la gente.

Versos 96-105. El torero se arrima cada vez más al toro, ejecutando arriesgados pases y dando muestras de un extraordinario valor que pone en riesgo su vida, en tanto que el toro intenta inútilmente acornearle en aquella zona corporal en la que el torero exhibe su masculinidad. Adviértase el valor polisémico de la palabra sobresaliente con la que el poeta se refiere, sucesivamente, al lugar en que sobresalen los atributos masculinos del torero (versos 99-100: "¡Ya! casi experimenta heridas / el lugar sobresaliente") y al propio diestro (verso 101: "sobresaliente de arrogancia", sutil metáfora que presenta la hombría del torero en toda su magnitud). Sobre el ruedo se barrunta la tragedia: la arena de la plaza es como un tambor, y el drama que en ella se está representando -la lucha entre torero y toro- es como el tamborilero que lo bate (verso 103). No obstante, se va a cumplir el ritual, y la corrida va a terminar en la forma prevista: el trágico destino del toro de lidia se realiza sin remisión, y es estoqueado en la plaza pagando con su vida la nobleza de su casta (versos 104-105).

Versos 106-112. Nuevamente, una concatenación de metáforas y sinécdoques le sirve al poeta para expresar los momentos postreros de la lidia: el torero es "enterrador de acero" (verso 106) porque sepulta su espada -sinécdoque de la materia por la obra: el acero, por la espada-, es decir, "el arma de su gloria" (verso 107) en lo más profundo del cuerpo del toro (verso 107, en el que con la metáfora "grana" se alude a la sangre); al rabo del toro -trofeo que recibe el torero como premio a su valiente faena- se alude metafóricamente con el verso 111: "el miembro que aventó moscas un día,", en un audaz cambio del tono "heroico" por el humorístico; y con otra sinécdoque -de la parte por el todo: "cascabeles", verso 112) se hace referencia a las mulillas, adornadas precisamente con cascabeles: "mientras su muerte arrastran cascabeles.", verso que encierra, además, una antítesis en la que se contrapone la tristeza por la muerte del toro con la alegría que trae al ambiente el sonido de los cascabeles.

Versos 113-114. El humor vuelve a estar, en cierto modo, presente en los dos útimos versos, con los que el poeta remata un poema que podría haberse dado por concluido con el vocablo "cascabeles" del verso anterior; y es que la fiesta ha tenido el sol -y la gracia y la belleza- que un pintor expresó en el cartel anunciador de la corrida: "-¡Se ha realizado! el sol que prometía / el pintor, si la empresa, en los carteles".

Miguel Hernández 4: Octavas

Toro:

¡A la gloria, a la gloria toreadores!
La hora es de mi luna menos cuarto.
Émulos imprudentes del lagarto,
magnificáos el lomo de colores.
Por el arco, contra los picadores,
del cuerno, flecha, a dispararme parto.
A la gloria, si yo antes no os ancoro
­golfo de arena­ en mis bigotes de oro.

Torero:

Por el lugar mejor de tu persona,
donde capullo tórnase la seda,
fiel de tu peso alternativo queda,
y de liras el alma te corona.
¡Ya te lunaste! Y cuanto más se encona,
más. Y más te hace eje de la rueda
de arena, que desprecia mientras junta
todo tu oro desde punta a punta.

Miguel Hernández 3: Citación fatal

Se citaron los dos para en la plaza
tal día, y a tal hora, y en tal suerte:
una vida de muerte
y una muerte de raza.

Dentro del ruedo, un sol que daba pena,
se hacía más redondo y amarillo
en la inquietud inmóvil de la arena
con Dios alrededor, perfecto anillo.

Fuera, arriba, en el palco y en la grada,
deseos con mantillas.
Salió la muerte astada,
palco de banderillas.

(Había hecho antes,
a lo sutil, lo primoroso y fino,
el clarín sus galleos más brillantes,
verdadera y fatalmente divino.)

Vino la muerte del chiquero: vino
de la valla, de Dios, hasta su encuentro
la vida entre la luz, su indumentaria;
y las dos se pararon en el centro,
ante la una mortal, la otra estatuaria.

Comenzó el juego, expuesto
por una y otra parte...
La vida se libraba, ¡con qué gesto!,
de morir, ¡con qué arte!

Pero una vez –había de ser una–
es copada la vida por la muerte
y se desafortuna
la burla, y en tragedia se convierte

Morir es una suerte
como vivir: ¡de qué!, ¡de qué manera!
supiste ejecutarla y el berrendo.
Tu muerte fue vivida a la torera,
lo mismo que tu vida fue muriendo.

No: a ti no te distrajo,
el tendido vicioso e iracundo,
el difícil trabajo
de ir a Dios por la muerte y por el mundo.

Tu atención sólo han sido toro y ruedo;
tu vocación, el cuerno fulminante.
Con el valor sublime de tu miedo,
el valor más gigante,
la esperabas de mármol elegante.

Te dedicaste al hueso más avieso,
que te ha dejado a ti en el puro hueso,
y eres el colmo ya de la finura.
Mas ¿qué importa? que acabes... ¿No acabamos?
todos, aquí, criatura,
allí en el sitio donde Todo empieza.
Total, total, ¡total!: di: ¿no tocamos?
a muerte, a infierno, a gloria por cabeza.

Quisiera yo, Mejías,
a quien el hueso y cuerno
ha hecho estatua, cayado, paz, eterno,
esperar y mirar, cual tú solías,
a la muerte: ¡de cara!,
con un valor que era un temor interno
de que no te matara.

Quisiera el desgobierno
de la carne, vidriera delicada,
la manifestación del hueso fuerte.
Estoy queriendo, y temo la cornada
de tu momento, muerte.

Espero, a pie parado,
el ser, cuando Dios quiera, despenado,
con la vida de miedo medio muerta.
Que en ese cuando, amigo,
alguien diga por mí lo que yo digo
por ti con voz serena que aparento:
San Pedro, ¡abre! la puerta:
abre los brazos, Dios, y dale asiento.

jueves, 11 de mayo de 2017

Benito Pérez Galdós

«Subsistirán las corridas de toros mientras exista en el alma española este anhelo de lo pintoresco, del espectáculo brillante y movido, esta apreciación del color y esta propensión a la alegría. El día que no haya toros los españoles tendrán que inventarlos».

miércoles, 10 de mayo de 2017

Miguel Hernández 2: Llamo al toro de España

Alza, toro de España: levántate, despierta.
Despiértate del todo, toro de negra espuma,
que respiras la luz y rezumas la sombra,
y concentras los mares bajo tu piel cerrada.

Despiértate.

Despiértate del todo, que te veo dormido,
un pedazo del pecho y otro de la cabeza:
que aún no te has despertado como despierta un toro
cuando se le acomete con traiciones lobunas.

Levántate.

Resopla tu poder, despliega tu esqueleto,
enarbola tu frente con las rotundas hachas,
con las dos herramientas de asustar a los astros,
de amenazar al cielo con astas de tragedia.

Esgrímete.

Toro en la primavera más toro que otras veces,
en España más toro, toro, que en otras partes.
Más cálido que nunca, más volcánico, toro,
que irradias, que iluminas al fuego, yérguete.

Desencadénate.

Desencadena el raudo corazón que te orienta
por las plazas de España, sobre su astral arena.
A desollarte vivo vienen lobos y águilas
que han envidiado siempre tu hermosura de pueblo.

Yérguete.

No te van a castrar: no dejarás que llegue
hasta tus atributos de varón abundante
esa mano felina que pretende arrancártelos
de cuajo, impunemente: pataléalos, toro.

Víbrate.

No te van a absorber la sangre de riqueza,
no te arrebatarán los ojos minerales.
La piel donde recoge resplandor el lucero
no arrancarán del toro de torrencial mercurio.

Revuélvete.

Es como si quisieran arrancar la piel al sol,
al torrente la espuma con uña y picotazo.
No te van a castrar, poder tan masculino
que fecundas la piedra; no te van a castrar.

Truénate.

No retrocede el toro: no da un paso hacia atrás
si no es para escarbar sangre y furia en la arena,
unir todas sus fuerzas, y desde las pezuñas
abalanzarse luego con decisión de rayo.

Abalánzate.

Gran toro que en el bronce y en la piedra has mamado,
y en el granito fiero paciste la fiereza:
revuélvete en el alma de todos los que han visto
la luz primera en esta península ultrajada.

Revuélvete.

Partido en dos pedazos, este toro de siglos,
este toro que dentro de nosotros habita:
partido en dos mitades, con una mataría
y con la otra mitad moriría luchando.

Atorbellínate.

De la airada cabeza que fortalece el mundo,
del cuello como un bloque de titanes en marcha,
brotará la victoria como un ancho bramido
que hará sangrar al mármol y sonar a la arena.

Sálvate.

Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate.
Levanta, toro: truena, toro, abalánzate.
Atorbellínate, toro: revuélvete.
Sálvate, denso toro de emoción y de España.

Sálvate.

jueves, 6 de abril de 2017

Buster Keaton

Buster Keaton: "Lo real, lo castizo y lo típico de España es la orla del torero que ha hecho un arte alegre y colorista de la tragedia".