jueves, 25 de agosto de 2016

Las Tauromaquias Populares en las Nuevas Corrientes Taurinas

La Tertulia Taurina Jerezana ha organizado en el Hotel Jerez un ciclo de cinco Veladas Taurinas. La tercera de esas veladas se centra en el tema "Toros Sí. Nuevas corrientes taurinas" y se desarrolla en forma de mesa redonda, donde fui invitado a tratar las tauromaquias populares. Aquí está el texto previsto de mi intervención:


Me llamó Rafael Valenzuela con la siguiente orden: vamos a hacer una mesa redonda sobre las nuevas corrientes taurinas; tú vas a participar refiriéndote a las tauromaquias populares y no te puedes negar. Me quedé pensando: ¿tauromaquias populares, nuevas corrientes? Creo que sí es posible pronunciarse. En Jerez, tierra de viñas y de vinos, podemos decir que conocer las labores de la viña e incluso de la crianza del vino permite valorar y saborear mejor el vino en la copa. De la misma manera, degustar, apreciar o al menos conocer las tauromaquias populares ayuda a conocer mejor, si no a apreciar mejor, la tauromaquia reglada de una corrida.

Podemos abordar una definición de tauromaquias populares. El Reglamento taurino nacional dice en su artículo 25 que los espectáculos y festejos taurinos se clasifican en: a) Corridas de toros; b) Novilladas con picadores; c) Novilladas sin picadores; d) Rejoneo; e) Becerradas; f) Festivales; g) Toreo cómico; h) Espectáculos o festejos populares; en los que se juegan o corren reses según los usos tradicionales de la localidad. El Reglamento taurino de Andalucía en su artículo 3 pone junto a los espectáculos citados en el nacional a “otros espectáculos singulares, históricos, conmemorativos o de exhibición que puedan autorizarse conforme a lo previsto en este Reglamento, previa aprobación de la correspondiente resolución por parte de la Dirección General competente en materia de espectáculos taurinos que recoja sus singularidades”. Es decir, no habla concretamente de festejos populares; sin embargo, a la hora de clasificar las plazas de toros, en su artículo 9 habla de plazas de toros de esparcimiento y las define como “establecimientos públicos que, agrupados con otros establecimientos dedicados a una actividad económica distinta, se destinan con carácter ocasional al desarrollo de festejos taurinos populares, conforme a su reglamentación específica”.

La práctica de juego o lucha popular con el toro está anclada desde siempre en el alma de España. En la provincia de Lérida, en el pueblo de Cogull, está la Roca de Los Moros con unas pinturas rupestres de al menos cinco mil años que nos presentan una escena de toreo. Los fenicios, hace tres mil años, nos trajeron, con su religión, los mismo juegos con toros que habían llevado a Creta; pruebas de su culto al toro las tenemos en el Cerro del Carambolo en Sevilla. Más tarde, los iberos, que habitaban el sur y el este de España, fueron fieles cultivadores de la afición al toro; no le iban a la zaga los celtas del oeste y centro, como nos dicen los ídolos en piedra de Guisando. En época romana se corrían vacas enmaromadas.

Entre el siglo I y el III la religión del mitraísmo se desarrolló en España. El joven divino Mitra había luchado contra un toro y lo había matado para alcanzar la inmortalidad y así enseñar a los hombres que también ellos podían alcanzar la inmortalidad tras la muerte. Los seguidores del mitraísmo encontraron en España campo abonado para sus creencias porque el culto al toro de los celtíberos hispanos les cuadraba para sus ritos. El mitraísmo entró desde África por la costa gaditana como nos lo dice el ara mitraica que se conserva en el Museo de Cádiz, hallada entre Vejer y Barbate. En Vejer la ermita de San Ambrosio debió ser primero un templo mitraico y no es casualidad que en Vejer se celebre la Resurrección de Cristo con el toro corriendo por las calles (el Toro del Aleluya) el Domingo de Pascua . Como en Vejer, tenemos Toro del Aleluya en Benalup, Los Barrios, Paterna, Arcos y Benamahoma. Ahí está: la tauromaquia popular enraizada sin interrupción en la historia.

El toreo a pie surgió de la combinación de dos corrientes regionales, el ámbito vasco-navarro y el andaluz. Esquematizando, la tauromaquia vasco-navarra se basaba en los saltos, en los recortes y en las banderillas, sin complicaciones, mientras que la andaluza se desarrollaba con capas para engañar a los toros. Durante el siglo XVIII ambos estilos se disputaron la primacía, imponiéndose el modelo andaluz. La actual suerte de banderillas es el legado que ha perdurado del toreo navarro en las corridas de toros, si bien siguen muy vivos los espectáculos de saltos y recortadores en festejos populares. En las escuelas taurinas sería muy provechoso introducir a los alumnos en la técnica de los recortes, para mejorar el comportamiento del torero en el ruedo (por ejemplo, evitando tantos saltos de la barrera).

No pensemos que Jerez es algo ajeno a la tauromaquia popular. Aquí también se festejaban las fechas importantes con toros en las calles para todo el mundo. Son conocidas las celebraciones caballerescas de rejones y lanzas en la plaza del Mercado y luego en la plaza del Arenal pero no son menos ciertas las formas populares. Así tenemos el relato piadoso que recoge el hecho de aquel toro soltado por las calles que se encuentra con una procesión y se arrodilla y aquel otro que habla del toro que, en medio de la carrera con la multitud, entra en la iglesia de San Dionisio y golpea la pila bautismal. Y, más cerca, en 1812, cuando, con motivo de la Guerra de la Independencia, los franceses abandonan Jerez, la gente recurrió a los frailes mínimos del Convento de la Victoria, que poseían ganadería, y los frailes trajeron unos toros que fueron corridos por las calles durante veinticuatro horas para celebrar la marcha del invasor. En la vecina Sanlúcar también se practicaba asiduamente el festejo del Toro de Cuerda, aunque luego se perdiera, pero han quedado testigos como el cuadro de pintura a la acuarela titulado “Toro de la Cuerda en Sanlúcar”, que se conserva en el archivo de la familia Orleans.

Toros de cuerda felizmente en vigor, con continuidad desde hace siglos, y con futuro asegurado tenemos en Grazalema (por la fiesta del Carmen), Villaluenga (donde se prohibió desde 1945 hasta 1979), Benaocaz (desde el siglo XV) o Ubrique (donde se perdió en 1930 y se recuperó en 2014). En Andalucía se celebran también toros de cuerda en Ohanes (Almería), Carcabuey (Córdoba), Beas de Segura y Arroyo del Ojanco(Jaén) Villalba del Alcor (Sevilla) y Gaucín (Málaga). Otro tipo de festejos, como son las Vaquillas o capeas, se celebran en Benamahoma, Prado del Rey o Puerto Serrano (el llamado toro bolichero, de reciente recuperación), sin olvidar el Jerez rural, como Torrecera. Esto en cuanto a la provincia de Cádiz.

Si nos referimos a otras partes de España las tauromaquias populares adoptan una gran variedad de especialidades, aparte del toro ensogado o de cuerda que ya hemos citado, de la cual por cierto se describe una celebración en Plasencia (Cáceres) en las “Cantigas en loor de Santa María” del rey Alfonso X el Sabio (la número 144, de mediados del siglo XIII); los toros de cuerda se celebran en numerosos pueblos y en algunas ciudades, como Teruel. Además, tenemos, junto a las capeas también citadas ya, los bous al carrer, la festa do boi, la sokamuturra, los concursos de recortes, los toros embolados o de fuego, los toros a la mar, y los encierros por calles o campo abierto, a pie o a caballo.

Del Toro de la Vega, de Tordesillas, hay que decir dos cosas. Primero, es el más nobiliario de los festejos populares, por el uso de lanzas y caballos o la misma expresión de Torneo; su sentido originario no es religioso sino cinegético. Segundo, los aficionados taurinos que no sean partidarios del Toro de la Vega no deben mostrarse contrarios o partidarios de su supresión, como hacen algunos e incluso toreros. Frente a los antitaurinos alegamos que debe haber libertad y que quien no quiera ir a los toros, que no vaya pero deje ir a quien quiera; de la misma manera debemos decir del Toro de la Vega. Si no nos gusta, limitémonos a no ir a verlo pero no pidamos su supresión, pues sería caer en el totalitarismo antitaurino. Además, está equivocado quien piense que entregándoles esta presa dejarán de atacar a la Fiesta; tras la prohibición (esperemos que pasajera), han manifestado que es sólo un paso adelante y que seguirán reclamando nuevas prohibiciones y ya, de hecho, han convocado una manifestación en Madrid.

En Portugal como tauromaquia popular especial tienen a los forcados y el forcón; también destacan las touradas a corda de Isla Terceira y la vaca das cordas en Ponte de Lima. En Francia están la corrida camarguesa y la landesa. También hay festejos populares en América. En Argentina, el toro de la vincha por la fiesta de la Asunción en Jujuy. En Colombia celebran las corralejas. En Costa Rica Fiesta está el toreo a la tica. En Ecuador se dan los toros populares de Sangolqui. En Estados Unidos existen algunos encierros por California. En México la huamantlada consiste en toros por las calles. En Perú se celebra el toro y el cóndor en la Yáwar Fiesta de Puquio-Ayacucho.

Vayamos a la estadística para centrar el tema. En 2007 se celebraron 14.262 festejos taurinos en toda España, en 2013, 13.815. En 2015, de los 18.361 festejos que se celebraron en España, 16.626 son populares y baten una marca histórica en plena era antitaurina (un crecimiento de un 16% en los dos últimos años, 2014 y 2015, después de la caída vertiginosa vivida durante la crisis económica desde 2007). Destaca el crecimiento conjunto de espectáculos populares y en plaza del País Vasco y Navarra, con un 8,9 % y un 5%, respectivamente, el último año. ¿Por qué han ganado terreno los festejos populares a las corridas en plaza? Porque tienen menos costes sobre todo si los comparamos con las novilladas picadas. La lectura positiva es que se siembra la semilla de la afición en los jóvenes que se acercan a vivir la emoción del contacto con el toro. La región valenciana es la que organiza más festejos populares (toro en la calle, bous al carrer), con 8.500 festejos, lo que supone el 50% de los encierros nacionales. Son unas 284 localidades las que organizan festejos. Allí se han organizado en los últimos 20 años muchas iniciativas para trasmitir la pasión por el toro de generación en generación a través de los más jóvenes. La consecuencia es que el respaldo social es apabullante, como se vio en la manifestación del pasado 13 de marzo en Valencia y el año pasado en Castellón. Allí la concurrencia media en festejos populares asciende a 5.000 personas por celebración, con 1.000 participantes y 4.000 espectadores, lo que da una resultante de 8.500.000 participantes y 34.000.000 espectadores no únicos (cada vez que va un espectador se cuenta como nuevo). A la región valenciana le siguen de lejos Castilla y León y Navarra. Los encierros de Pamplona son el number one de los festejos populares y además la Monumental pamplonesa (con 20.000 localidades) se llena dos, incluso tres, veces al día, con los recortadores y las vaquillas.

Centrado el tema estadísticamente, hablemos de las repercusiones que tienen las tauromaquias populares y así quizás las veamos más encuadradas en el ámbito de las nuevas corrientes taurinas. Expondremos tres tipos de repercusiones.

El primero, dados los tiempos que vivimos, es el de las nuevas tecnologías. Podría parecer que con la llegada de las nuevas tecnologías, el mundo de la afición al toro iba a quedar un tanto al margen. Afortunadamente no ha sido así. Las redes sociales se vieron desde el primer momento con presencia de aficionados taurinos que expresaban en ellas sus inquietudes y sus vivencias. Primero fueron los blogs y surgieron una gran cantidad de ellos conformando una blogosfera taurina interesante. Luego Facebook y Twitter han sido colonizados por los taurinos y hay un específico sector de los seguidores de la tauromaquia popular.

Abordemos ahora la repercusión económica, siempre interesante. Los festejos populares aportan riqueza a la economía e impuestos al estado. En conjunto, la tauromaquia popular aporta 1.269 millones de euros a la economía española. Asumiendo que Hacienda grava la totalidad de estas transacciones con una imposición media del 15%, las arcas del Estado recibirían 190 millones de euros, derivados de las actividades que se benefician de la tauromaquia popular de forma directa, indirecta e inducida. No hay manifestación cultural realizada en España que genere tantos ingresos a las arcas públicas como la tauromaquia. Sólo en Pamplona el impacto económico es de 136,5 millones de euros durante los Sanfermines, cuando la ciudad quintuplica su población de 195.000 habitantes. Los beneficios de la fiesta de los toros se propagan por su efecto multiplicador, lo que permite que por cada euro ingresado de forma directa se generen 2,8 en el sistema económico, de tal manera que la profunda huella económica de los espectáculos taurinos garantiza el retorno íntegro a la Hacienda española de las ayudas públicas que pueda percibir el sector.

El tercer tipo de repercusión es la repercusión social. En la mayoría de los pueblos se recobra la vida en los días de fiestas taurinas. ¿Cuántos emigrantes vuelven a su pueblo con motivo de esas fiestas que, sin ellas, no volverían? Por otro lado, hay un efecto habituador; así, en los pueblos de Albacete los niños siguen jugando al toro en la calle durante todo el año. Aparte de eso, en otra línea, las tauromaquias populares han demostrado una gran capacidad organizativa; por ejemplo, en el toreo de recortes, se han consolidado certámenes, de los que los más importantes son: el Campeonato de España (Las Ventas, Madrid); la Liga del Corte Puro (Valladolid); el Errekortari (País Vasco); el Concurso del Pilar (Zaragoza); el Concurso de Fallas (Valencia); el Concurso de la Magdalena (Castellón); el Certamen de Cantalejo (Segovia) y el Concurso de Cortes de Medina del Campo (Valladolid). En cuanto a entidades, en 2016 hay más de 20.000 Peñas, Entidades Taurinas y empresas relacionadas con los Festejos Populares. En 2007 se creó la Federación Españolo del Toro de Cuerda en Carcabuey (Córdoba), con entidades de 45 municipios diferentes, aunque la actividad se practica en más de 100 municipios, y celebra sus congresos nacionales. Finalmente, hace un mes, el 23 de julio de 2016 en la plaza de Toros de Valencia se presentó oficialmente la Federación Española de Entidades de Tauromaquia Popular, con el fin de unificar la estrategia de defensa de los festejos taurinos populares a nivel nacional.

Hablé de tres tipos de repercusiones, pero voy a acabar con el epígrafe de la libertad. En este momento el festejo popular puede ser el captador de jóvenes aficionados que en un futuro sean el relevo generacional de los que hoy llenan las plazas. El acceso a los festejos populares resulta más asequible -normalmente es gratuito-, son más sencillos de comprender y la posibilidad de formar parte activa de los mismo hace que la juventud se quede prendida por la emoción del toro. Frente a los ataques políticos y las intenciones de eliminación de los festejos, esto no se ha producido; incluso se ha recuperado algún municipio que en años anteriores no habían podido dar toros por la crisis. Este último domingo unas 200 personas de Beas de Segura (Jaén) fueron a mostrar su solidaridad con los vecinos de Torroella (Gerona), a 800 kilómetros, para participar en las tradicionales sueltas de vaquillas, amenazadas por el ayuntamiento. Es decir, frente a los que quieren prohibir, los festejos populares suponen una vuelta a la época de la lucha por las libertades. Gracias.


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En realidad, durante la exposición tuve que resumir para acomodarme al tiempo establecido. Aquí ahora está el audio de mi intervención:







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