miércoles, 16 de enero de 2019

¿El toreo a pie nació en Cádiz?



Cádiz, capital sin plaza de toros, albergó los primeros pasos del toreo a pie. Lo descubrió el reputado taurófilo doctor Guillermo Boto Arnau a principios de la década pasada.

Antes del reinado de Alfonso X, en el siglo XII, ya existía el toreo a pie pero constaba de suertes distintas de las que imperan ahora. Alfonso X anatemizó estas prácticas y desde entonces el rejoneo nobiliario monopolizó la tauromaquia.

Durante el reinado de los últimos Austrias, surge en Cádiz "el hecho diferencial del toreo a pie, con las corridas de toros que solicita en junio de 1661 la Hermandad de San Antonio para recaudar fondos para construir la iglesia de su nombre", según Boto, autor de "Cádiz, origen del toreo a pie". Así, una callada revuelta popular surgió en Cádiz y ningún prohombre faltó a los festejos. Al final, las corridas de San Antonio duraron 55 años y financiaron no sólo el templo sino también el retablo mayor.

Ese hallazgo, fruto de la tenacidad de Boto, se encontraba escondido en unas actas que el historiador Julio Guillén Tato realizó para el Ayuntamiento de Cádiz. Las octavillas, cuidadosamente envueltas en papel de periódico, albergaban la noticia de la génesis de la fiesta moderna, "de esas funciones de toreo a pie con picadores que, evolucionadas, conservamos hoy día, como espectáculo extraordinario que supera en sí mismo su catalogación dentro de las bellas artes y que se ha convertido desde hace más de dos siglos en seña de identidad española", en palabras de Boto.

Es vital la aparición de los varilargueros. "El picador es consustancial con el toreo a pie. No se pica cuando se rejonea, y podemos asegurar sin temor a equivocarnos que no hubiera existido el toreo sin la suerte de varas", sentencia Guillermo Boto. Esos primeros enfrentamientos de los toreros "de poder a poder" frente al toro coexisten con las "fiestas de toros y cañas" (en las que se alanceaba al astado) y con el rejoneo.

Hasta ahora se aceptaba generalmente la teoría de que fue el cambio de dinastía monárquica, de los Austrias a los Borbones -y muy especialmente la aversión de Felipe V a los toros-, la que produjo la retirada de los nobles de esta afición. Y que ello dio el pistoletazo de salida a los "chulos" y los "pajes" que bajaron la suerte al albero. Junto a ello, pervivía hasta ahora la llama que prendieron los encierros, sobre todo los de Navarra, donde abundaban los nombres de matadores. Hasta hace no mucho se los consideraba el germen de la fiesta nacional.

El hallazgo de Boto lo confirmó hace un par de años otro hallazgo, el del director del Museo Histórico Municipal de Cádiz, Juan Ramón Ramírez Delgado. Ramírez estudió en profundidad un cuadro-mapa de mediados del siglo XVII (la duda es si está fechado en 1647 o en 1674) y se topó con una revelación. Tras restaurarlo encontraron imágenes de picadores y toreros entrenando junto al matadero de reses de la ciudad. Éste es el cuadro:



En su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de Cádiz, Ramírez subrayó que en la representación "aparte de a caballo, se torea a pie", y agregó que ello refuerza la teoría del doctor Boto.













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